Un vibrador

A ellos, y hay que agregar, a ellas también, no más no les vibra. Porque dicen que la marcha es de gente bien portada, la derecha, anotan muchos de quienes cotidianamente se agazapan en el lenguaje políticamente correcto y sostienen visiones conservadoras, en el fondo.


Como que no les estremece que la marcha no sea para mentar la madre al gobierno -se les cruzan los cables-, y no les checa que se hable de unidad, para ellos una marcha es antisistema o no la admiten más que convocada por objetivos inconfesables con la idea de manipular.


No les hace sentido la marcha porque ellos sí se dan cuenta de lo que los demás no, ellos son listos, y saben bien que hay una confabulación para apoyar, nada más que sin decirlo, al Presidente de México; no terminan por entender quién es Donald Trump pero sí saben cuáles marchas valen la pena y cuáles son orquestadas desde las altas esferas, porque unas masas son auténticas, las que ellos convocan o de las que forman parte, y las otras son sólo objeto de maniobra. Necesitan un vibrador que sacuda su conciencia y les haga aceptar que hay personas tan auténticas o no, como ellos, y que esas personas no necesariamente comparten su forma de asumir las expresiones colectivas. Sí, no todo es "eso son, esos son los que van al paredón" ni la única protesta posible es pintar monumentos o saquear comercios para luego decirse presos políticos, no es eso, reitero, y menos así decirse de izquierda para atacar a la derecha.


El vibrador que necesitan es la autocrítica y comprender al otro en la sociedad diversa.

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