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Una señora casi me grita en el oído mientras canto el himno nacional frente al Ángel de la Independencia:


— “Fue-ra Peña, fue-ra Peña”.


Me le quedo viendo con ganas de decirle que por qué no organiza otra marcha mañana o el próximo domingo, y va a Los Pinos o a casa de la más vieja de su familia a gritar su consigna, pero Mi Gordo me toma de las manos y me mira con ojos de “no vayas a armar un escándalo, Mayrita, por favor”.


Así que me quedo con las ganas, y sólo le subo un poco los decibeles al cántico colectivo que ahora compite para tratar de callar a los que envalentonados, se pasean por entre la multitud, portando pancartas, reclamando e intimidando, como si alguien les hubiera escriturado la protesta y la calle.


–Nunca las hemos visto marchar por los 43 de Ayotzinapa ¿qué hacen aquí?, le dice a mi suegra una señora morena de lentes, vestida con esas ropas tradicionales de las mujeres indígenas de Oaxaca, con rebozo en la cintura y un morral colorido en el hombro. Marthita me cruza una mirada con esos ojos negros michoacanos que tiene y luego se le queda viendo a la que le estaba preguntando, como se mira un insecto raro.


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