Gil cerraba la semana convertido en su sombra. En ésas estaba cuando leyó la noticia de la entrega de los dos Premios Nobel, 2018 y 2019, a la polaca Olga Tokarczuk y el alemán Peter Handke (1943).Gamés no ha leído a la polaca, pero sí al alemán. Allá al final de los años setenta y principios de los ochenta era un escritor frecuentado por lectores mexicanos. En ese tiempo las editoriales Alianza, Alfaguara o Laia publicaban en español a Handke. Gilga recuerda Breve carta para un largo adiós, La mujer zurda, La soledad del portero frente al penalti y El peso del mundo. Un diario (Noviembre de 1975-marzo de 1977). Recientemente, Gil adquirió Vivir sin poesía, reunión de los poemas de Handke, que además ha sido dramaturgo y guionista de Wim Wenders para más datos. Gamés arroja a este trozo de la página del fondo algunos subrayados de El Peso del Mundo (Laia, 1981). Aquí vamos:
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La huída: una mujer persigue a un hombre. La perseguidora se arranca la peluca y resulta ser un hombre; el fugitivo pierde el sombrero y resulta ser una mujer; y ambos se funden en un abrazo.
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“Vengarse de la creación”: ganas de cantar desafinado con toda el alma.
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Se le cae algo a uno y los de la mesa de al lado miran a su alrededor, apresuradamente.
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En plena conciencia del fracaso, dejar de hablar.
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Pasar delante de una ventana oscura tras la cual vivió un amigo.
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A la hora del crepúsculo, en la plaza cubierta de hojas caídas que aparece de pronto como un parque, una sensación de felicidad que podría tenerse siempre.
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Sí hablo de mí mismo, suele ser por pura timidez.
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“Usted está frustrado”. Cómo he de estar frustrado, con unos libros junto a la cama y ganas de leerlos.
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Suelo ser demasiado consciente para estar triste.
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Vivacidad: una mirada basta.
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Se marca un número equivocado: contesta un niño que está solo y llora.
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