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Gil salió de la residencia oficial de Los Pinos pasadas las 9 de la noche. Pleno de información, es decir con la cabeza bomba y bombo, al borde de un ataque de nervios, no por los graves asuntos de los que se enteró puertas adentro, sino porque estuvo encerrado con sus colegas más de tres horas en el Salón Miguel de la Madrid.


El presidente Peña se reunió con más de 50 periodistas en dos sesiones, una por la mañana, otra por la tarde que se alargó hasta la noche mientras Gamés se mordía los nudillos de la desesperación. El secretario de Hacienda, José Antonio Meade; el director de Petróleos Mexicanos, José Antonio González Anaya, y el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, acompañaron al Presidente. El tema: el libre precio de la gasolina mediante una "suavización", así dijeron, de los aumentos o decrementos halados por los precios del petróleo y de los combustibles en el mundo y el tipo de cambio.


Gilga estuvo muy atento los primeros cuatro minutos, lapso en el cual se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: ¿Y por qué rayos no "suavizaron" desde el principio? ¿Por qué más bien "endurecieron" provocando una reacción de revuelta y motín?


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