Emilio Álvarez Icaza anunció su candidatura presidencial tras usar por años el dinero público para promover su carrera como opositor a lo que hoy denomina “sistema de partidos”, pero gracias al cual cobra desde 1999, cuando fue consejero electoral, a propuesta del… “sistema de partidos”.
De 1999 a 2001 Álvarez Icaza trabajó en el IEDF, desde donde preparó su llegada a la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos del DF, en el propio 2001, para no dar tregua al presupuesto y no vivir en el error: permaneció en ese puesto ocho años.
Los aplaudidores de su flamante candidatura presidencial predicen que será fustigado por los grupos de poder que se sienten incómodos con la agenda de derechos humanos que ha encabezado desde hace años.
En realidad, como candidato presidencial el fuego le llegará a Álvarez Icaza de todos lados, como a los otros candidatos. Sin embargo, eso de “encabezar la agenda de derechos humanos” no es lo mismo que “trabajar por los derechos humanos”.
Porque en su gestión como ombudsman capitalino (2001-2009) dejó sin atender 177 expedientes, muchos de los cuales está resolviendo apenas la actual presidencia de la CDHDF. Es decir, ocho años después, todavía hay que terminarle la tarea al que encabeza la agenda del tema.
Dejó trabajo atrasado a sus sucesores en el cargo, pero, eso sí, gastó del erario en grande: por ejemplo, pagó a su secretaria particular, Laura Elena Gutiérrez Robledo, 71 mil 367 pesos mensuales durante ocho años, más de lo que entonces percibían los secretarios del gabinete del GDF.
Además, como ombudsman del DF, se pasó 118 días en 23 ciudades haciendo grilla internacional con dinero público para amarrar la secretaría ejecutiva de la CIDH, con sede en Washington, a la cual llegó en 2012, y a la que se llevó también a su secretaria Gutiérrez Robledo.
Pero la cereza del pastel de Álvarez Icaza fue echar mano del dinero de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para hacer política interna en México, usando el caso Iguala para tener acceso gratuito a los medios, aparecer como precandidato presidencial y opositor al gobierno.
Ah, y también gastando a manos llenas. Al abandonar la secretaría ejecutiva, Álvarez Icaza dejó en quiebra a la CIDH: dedicó a trabajo real sólo 18 por ciento de los recursos y ¡82 por ciento! a salarios para una plantilla, llamada por Hugo Chávez en su momento “sucursal de juristas con fines de lucro”.
Así que eso que está de moda ahora de “oponerse al sistema de partidos” debe ser pronunciado por muchos con cuidado de no morderse la lengua. Como el propio Álvarez Icaza, quien siempre ha tenido algún partido detrás…
Para llegar a sus cargos.
Este artículo fue publicado en La Razón el 28 de febrero de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.
