La honestidad y García Luna

Son para atender las reflexiones del Presidente sobre las conductas que pudieran existir detrás del detenido Genaro García Luna.

Todo lo que tiene que ver con temas como honestidad y corrupción son particularmente sensibles en el país; son asuntos que han estado marcando y definiéndonos. Para insistir en el lugar común: la corrupción se nos ha convertido en una forma de vida.

La favorable percepción sobre la efectividad en la lucha que el Gobierno está llevando a cabo contra la corrupción es alta, pero sigue siendo relativa. Tiene que pasar por la prueba del ácido para saber qué alcances está teniendo, lo que hoy queda claro es que en las encuestas de opinión sale con un saldo favorable.

Lo que sin duda suma y mucho es la detención e investigación que se ha venido haciendo sobre exfuncionarios que presumiblemente están relacionados con hechos de corrupción. De entrada han sido casos mediáticos, los cuales deberán enfrentar procesos legales porque podría ser que se diera aquello de que “del plato a la boca se cae la sopa”.

Se ha creado en el imaginario colectivo la idea de que la lucha en contra de la corrupción apunta hacia actos que buscan a personajes que son vistos como una identidad en la sociedad de la corrupción. Dicho de otra manera, se le pone nombre y apellido al abuso y todo indica que se va en serio tras quienes presumiblemente la han encabezado.

La reflexión sobre los valores en que debe construirse una sociedad es un asunto al cual López Obrador le concede sistemática importancia. Es un tema sin duda importante, la clave está en cómo suele plantearlo y en qué términos lo hace.

El gran problema con lo que regularmente refiere el Presidente sobre este tipo de temas es que lo que plantea adquiere una dimensión que parece tener más que ver con referencias o metáforas religiosas que con lo estrictamente político y formativo, ajeno a creencias de esta naturaleza que es el marco que rige nuestra vida.

Muchas veces las cosas se ven como desde el púlpito, más que como una reflexión social, que no religiosa. Sin embargo, hay algo de fondo que debe atenderse porque la honestidad es una razón que permite mejor convivencia y sobre todo una gobernabilidad transparente.

Una de las razones por las cuales se debe atender a fondo las reflexiones presidenciales en casos como el de García Luna, está en que lo que pudiera estar detrás de su detención tiene que ver con asuntos formativos para la sociedad, como es la defensa de la honestidad y el ataque contra la corrupción.

García Luna pudiera representar lo contrario a la vocación de servicio como principio del trabajo en los aparatos de gobierno, lo que provoca, bien se sabe, la creación de cadenas de corrupción.

Decía don Jesús Reyes Heroles que la verdadera manera de conocer la honestidad de los funcionarios está en ver cómo actúan y reaccionan “en donde hay, no en donde no hay”. Bajo esta premisa muchos funcionarios del actual Gobierno están ya a prueba.

Lo que es claro es que si se comprueban las presuntas tropelías de García Luna estaríamos ante una traición más, y también ante la trampa de un funcionario ante la sociedad, lo cual debe ser castigado en el marco de la ley.

La honestidad de los funcionarios se convierte en la referencia para los ciudadanos. Si éstos ven que quienes los gobiernan son una bola de ladrones, se pierde el sentido de la honestidad porque no termina por ser un valor en y para la sociedad.

La honestidad como principio para la gobernabilidad está estrechamente ligada a la capacidad que deberían tener los funcionarios.

Importa y mucho que sean honestos, pero también importa que sean capaces y sepan lo que hacen, porque lo contrario paradójicamente los hace deshonestos.

RESQUICIOS.

A pesar de la aclaración que envió Manlio Fabio Beltrones, su asunto no acaba por aclararse, el Presidente en la mañanera informó que se estaba investigando al sonorense, suponemos que en medio de la algarabía de Javier Corral.


Este artículo fue publicado en La Razón el 13 de diciembre de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

Autor

  • Javier Solórzano

    Javier Solórzano es uno de los periodistas mexicanos más reconocidos del país, desde hace más de 25 años. Licenciado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México, cursó estudios en la Universidad Iberoamericana y, hasta la década de los años 80, fue profesor de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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