La convocatoria del paro nacional de mujeres era una tableta efervescente en la vida pública mexicana. En las redes sociales la noticia de la marcha del domingo 8 de marzo corría como fuego en la paja. Las palabras violencia de género, feminicidio ocuparon primeras palabras, horarios prime time, en la radio el eco de la ira de las mujeres resonaba como nunca antes. La rara flor de la unanimidad creció en los medios de comunicación. Solo una persona vio con desconfianza las protestas, la ira, el paro nacional, la marcha de mujeres: el Presidente de la República y sus corifeos.
A Gil le cuesta trabajo confirmar algunas de sus más acres opiniones sobre el Presidente. Sin despeinarse, acusó “a la derecha y a los conservadores de intervenir en la rebeldía femenina”. Así, como usted lo acaba de leer. Liópez Obrador dijo en La Paz: “claro que está la derecha metida, los conservadores. O sea, así como hay mujeres que por convicción y de manera libre protestan y lo van a seguir haciendo, así también hay oportunistas. Estoy viendo que hasta los partidos, y por respeto no voy a decir cuáles, pero se pasan, se pasan”.
Como un padre severo que trata con niñas y no con ciudadanas hechas y derechas, indignadas por la violencia de género, el Presidente las previno: “estén conscientes del porqué de esta acción, si es algo bueno, que ayuda, y no dejarse manipular, tener cuidado, porque el conservadurismo, la derecha es muy hipócrita y es muy dada a la manipulación”. Solo le faltó decir: y no vayan a llegar tarde, ni un minuto después de las doce, a la casa, y no vistan provocativamente.
Cero empatía
En mesas y sobremesas se habla sin parar de la poca empatía del Presidente con las víctimas. Si vienen los LeBarón y Javier Sicilia en larga marcha dolorosa, no los recibe “para no hacer show”, si sacrifican a Ingrid, “le parece lamentable”, si secuestran, torturan, asesinan y tiran a la basura a Fátima, no tiene una sola palabra de consuelo para las familias, si las mujeres quieren marchar indignadas por la violencia desaforada, el Presidente afirma que la derecha y los conservadores han metido sus sucias manos en la protesta.
El plan presidencial para acabar con los feminicidios es para el Guinness. Gil lo leyó en su periódico MILENIO en una nota de Elia Castillo: “el Presidente dijo que el plan contra los feminicidios es evitar repetir lo que hicieron los conservadores, como su antecesor Felipe Calderón y el ex secretario de Seguridad Genaro García Luna”. ¿No es un poco demasiado?
El Presidente estaba en Tamazula, Durango, y le preguntaron por un plan real y claro. Respondió esto: “Garantizar el bienestar material y del alma, fortalecer los valores, hacer ver que solo siendo buenos podemos ser felices. No hacer lo mismo que los conservadores”. Gilga se dio un manazo en la frente: a esto no se le llama poca empatía, se le llama indiferencia. Ser buenos para ser felices. Cuando el Presidente se convierte en un predicador, Gamés se encierra en el clóset.
Ahora mal sin bien: la lectora, el lector y le lectere pueden estar convencidos de una cosa: el Presidente ha perdido a las feministas e incluso a buena parte de las mujeres ilustradas del país. ¿Apuestan? Va doble contra sencillo. Y con ellas no hay tu tía. Mira por dónde.
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