La tiranía y las ideas

Admiro a Helen Keller. No todos los seres humanos tendríamos la entereza para enfrentar el colapso que durante sus primeros meses de vida, la dejó ciega y sorda. Entre otras cosas, la admiro porque su visión y su capacidad de escuchar hicieron de ella una escritora de respeto y una activista, en Estados Unidos, contra la discriminación, en favor de los derechos de los trabajadores y de las mujeres. Sorda, ciega y, en un entorno endiablado contra las mujeres –promovió el sufragio femenino–, la señora Keller se abrió paso, es la primera persona en sus condiciones en obtener un título universitario en la historia de EU– y fue decisiva para los avances de la democracia en ese país, y, por cierto, desde la óptica socialista (el dato es relevante, además, para esa caricatura de opinión que borra de un plumazo el aporte de muchos luchadores sociales en el mundo que han contribuido a las avances de la sociedad contemporánea; no todo es el populismo de la izquierda que en los últimos años se ha extendido en América Latina).


 


Frente a las condiciones personales y políticas más adversas, Helen Keller señaló algo que hoy, precisamente, me parece muy pertinente recuperar:


 


“La tiranía no puede derrotar el poder de las ideas”.


 

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