Un inesperado telón de acero se levanta en la Europa de la pandemia. Mientras los países occidentales están siendo devastados por el coronavirus, sus vecinos ex comunistas, más pobres y con menos recursos sanitarios, parecen haber escapado al desastre.
Frente a los 519 muertos por cada millón de habitantes de España, los 458 de Italia, los 393 del Reino Unido o los 360 de Francia, Eslovaquia tiene 4, Polonia 16, República Checa 21, Hungría 30 y Rumanía 35. Si las primeras cuatro naciones juntas suman más de 102.200 muertos, las últimas cinco no llegan a 1.850.
Las cifras han sido una inyección de autoestima para unos países que no suelen subir a los podios europeos y están más acostumbrados a ocupar titulares por sus recurrentes crisis políticas e institucionales. Ahora, sin embargo, son ellos quienes pueden dar una lección a los socios occidentales, que han pagado cara la falta de reflejos.
Aunque no todo se debe a méritos propios. El tiempo ha jugado a favor del Este. En Italia, el Reino Unido y España el primer caso de Covid-19 se detectó en enero, mientras que en República Checa, Hungría, Polonia o Eslovaquia el virus no llegó hasta marzo. Cuando se produjo el primer muerto checo, Italia ya estaba en 650 fallecidos al día.
Italia, Francia o el Reino Unido, que reciben cientos de miles de visitantes chinos al año, estaban más expuestos que el Este, menos conectado con China. “Los primeros casos en Wuhan podrían ser del 17 de noviembre, pero la alerta internacional no se dio hasta el 31 de diciembre. Es un mes y medio en que los turistas chinos estuvieron viajando por todo el mundo”, apunta la epidemióloga veterinaria Amélie Desvars-Larrive, miembro del equipo multidisciplinar para la Covid-19 del Complexity Science Hub de Viena. La científica señala que ya en enero un estudio midió el riesgo de importación de casos a partir de las conexiones aéreas y concluyó que se concentraba en los países occidentales, con el Reino Unido a la cabeza (un 39% de riesgo), seguido de Francia (24%) y Alemania (15%).
El “subdesarrollo” del Este explica, paradójicamente, que haya sido menos golpeado, sostiene János Kertész, físico de la Universidad Centroeuropea (CEU) de Budapest. “Con menos movilidad, tráfico y visitas extranjeras, entraron en contacto con el virus cuando ya había mostrado sus efectos en otros países. Eso les permitió tomar medidas más anticipadas, cerrar escuelas en una fase inicial de la pandemia e imponer el confinamiento antes del brote dramático”, razona.
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