Detrás del berrinche de John Ackerman porque no pudo poner incondicionales en la lista de aspirantes a consejeros del INE, hay una precandidatura presidencial.
Ese equipo que ganó la presidencia y asumió el poder en diciembre de 2018, ya se cuartea en grupos. Van a terminar como enemigos.
Los Ackerman-Sandoval son insaciables y no conocen de reglas. Menos de democracia. Van por todo y tienen un equipo fuerte y visible.
Hace unas semanas John Ackerman demandó “la remoción inmediata” de Ricardo Monreal al frente de la coordinación de Morena en el Senado, porque en una entrevista con Carlos Loret le dijo que lo respetaba.
¿Quién es Ackerman para exigir la remoción de alguien en el Poder Legislativo?
Nadie. Sin embargo habla por una corriente al interior de Morena, en la que se alinean los sectores radicales de esa heterogénea amalgama partidista que se formó al cobijo del liderazgo de López Obrador.
Quieren a Martí Batres como coordinador en el Senado, porque es de su equipo y están alineados tras la misma candidatura presidencial.
Batres se refirió en estas páginas a que “pronto habrá presidentas de la República progresistas, sin presidente honorario del DIF ni primer caballero”.
El que sepa leer, que lea.
Ackerman quiere reventar la selección de candidatos a cuatro plazas de consejeros del INE, porque no salieron sus incondicionales.
Ese grupo insaciable también quiere controlar el órgano electoral autónomo.
Sesenta y seis diputados de la corriente a la que pertenece Ackerman presionan para que “se reponga el proceso”.
¿Por qué razón?
“No huelen a pueblo” los seleccionados, dice Ackerman.
No les importa que el Comité Técnico haya elegido, por unanimidad, a nueve de diez hombres y ocho de diez mujeres. Hubo un encomiable profesionalismo entre los integrantes del cuerpo de selección, porque son gente honorable.
En San Lázaro, Dolores Padierna –vicecoordinadora de Morena– y otros 65 legisladores se hicieron eco de la demanda de Ackerman, y buscan anular el proceso de selección porque en las listas no hay peones suyos, como esperaban.
Cuatro días antes Irma Eréndira Sandoval se quiso colgar la medalla de la repatriación de Emilio Lozoya. Se dijo orgullosa de haber participado en ponerlo ante la justicia.
¿Qué tuvo que ver ella? La investigación la hizo la UIF y la negociación de testigo protegido fue obra de la FGR.
El cuñado de Ackerman –hermano de la secretaria de la Función Pública, Pablo Amílcar Sandoval– realiza un proselitismo grosero e ilegal para ser candidato a gobernador de Guerrero.
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