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Hasta antes de este 1 de diciembre, el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle era un aspirante a la candidatura presidencial del PAN que lucía abandonado, arrinconado, incapaz de emocionar ni prender.


Ese día le llegó un regalo inesperado al expriista y exaliado de Elba Esther Gordillo: el Instituto Nacional Electoral le organizó involuntariamente el mejor acto de campaña, que lo catapultó a espacios principales de los medios de comunicación.


La Comisión de Quejas y Denuncias del INE aprobó ese día, por unanimidad, prohibir al mandatario poblano destacar sus logros y cualidades personales durante entrevistas porque, según los integrantes de ese órgano interno, al hacerlo ponía en peligro la equidad en la contienda presidencial.


Moreno Valle, formado en el PRI y trasplantado al PAN, aprendió las mañas que se usan en ambos partidos. Venía haciendo un uso cuestionable de los presupuestos de comunicación del gobierno estatal y aparecía en la portada de revistas que después de un número dedicado a él se diluían.


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