Gil no da crédito y cobranza. Lo ecos y los secos de la muerte de Fidel Castro alcanzaron alturas inauditas aún días después de que las cenizas del comandante fueron depositadas (ah, la voz pasiva) en el altar de la Revolución cubana. El “intelectual revolucionario, historiador, pedagogo y gran conocedor de Cuba Fernando Martínez Heredia” concedió una entrevista a su periódico La Jornada: “él estuvo enfermo de muerte y sin que nadie lo quisiera o se lo pidiera decidió renunciar a sus cargos, con lo cual mostró otro elemento, no pequeño, de su grandeza”.
Gil se dio una machincuepa y luego se arrastró sobre la duela de cedro blanco: ¿grandeza? Está usted en lo cierto, señor Martínez Heredia, Fidel era inconmensurable, colosal: 47 años en el poder así lo demuestran. Sí, 47 años sin elecciones libres ni partidos políticos ni oposición, ¿no es algo superlativo?
A este “intelectual revolucionario” le llaman en Cuba maestro de las juventudes: “Los jóvenes tienen una enorme formación revolucionaria y general. Aquí hubo una enorme revolución educacional como en ningún lugar del mundo en un plazo de 20 años. Hoy existen como un millón de egresados universitarios, cosa casi absurda, y un montón de técnicos y científicos”.
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