En los primeros meses de 2011, un puñado de idealistas arrancó una revuelta social para derrocar en Siria al dictador Bashar Al Assad, cuya familia lleva más de cuatro décadas gobernando ese país.
Sus primeras manifestaciones fueron brutalmente reprimidas por el régimen y ante ello, ese grupo de inconformes tomó las armas, iniciando la más larga de las revoluciones que dejó la llamada primavera árabe.
Esos primeros rebeldes han quedado militarmente aniquilados y políticamente arrinconados. Entraron los terroristas de Al Qaeda, Estado Islámico; se incorporaron Rusia, Estados Unidos, Francia, Turquía; los kurdos, con sus enorme influencia de poder económico.
Damasco, la capital siria, nunca dejó de ser del régimen. Assad logró mantener ahí su bastión casi intocado. Y por eso Alepo, la que alguna vez fue la ciudad más rica y poblada de Siria, se volvió el símbolo mismo de la guerra: quien tenía control de Alepo parecía llevar el marcador a su favor.
Más información en: http://eluni.mx/2hpXjrH

