Si bien es cierto que la popularidad o la calificación positiva a sus acciones ha disminuido desde diciembre de 2018 a la fecha, el presidente aún mantiene un nivel de aprobación alto, pese a la crisis económica, de salud, de inseguridad, a la incertidumbre por las malas decisiones de su gobierno y la corrupción que se sigue denunciando. ¿Es que los mexicanos no ven esto?
Ojos bien cerrados
Vivimos una época en la que a buena parte de la ciudadanía parece no importarle el rumbo que lleva el país. Ante una crisis económica, más de 80 mil muertos por Covid-19, la inseguridad y las muestras de corrupción en el propio gobierno federal, las encuestas reflejan que hay una aprobación mayoritaria por el presidente, quien lejos de llevar una administración eficaz, ha demostrado que sus decisiones se basan en creencias personales alejadas de los datos ciertos y duros.
Parece que el valemadrismo de la mayoría está condenando el futuro del país.
El presidente varias veces ha dicho que la corrupción ya se terminó, pero recurre a este tema cada vez que quiere validar alguna decisión polémica, como la extinción de los fideicomisos, demostrando que no le interesa el combate a la corrupción, pues no ha informado de algún inculpado por esto en el caso del aeropuerto en Texcoco o los mencionados fideicomisos.
Pero tampoco se ha visto con iniciativa en contra de las denuncias de corrupción en el caso de la Conade, en Morena –contra Yeidckol Polevnsky– y otras más.
Tampoco ha informado la verdadera razón de la extinción de los fideicomisos, más allá de la típica cantaleta de que hay corrupción, algo que –por lo visto– no está dispuesto a corregir pues para el presidente es más fácil destruir que construir.

Es más, ha dicho bastantes mentiras como para editar una enciclopedia, pero a muchos mexicanos esto no les importa, no sé si es porque mentir es parte de sus vidas, como lo es no respetar ninguna regla –ni siquiera el reglamento de tránsito que desconocen–, lo cual no les impide quejarse de lo que hacía el PRIAN, como tanto les gusta repetir.
¿Qué se necesita para que los mexicanos abran los ojos y condenen al actual gobierno como lo hicieron en los casos de Peña Nieto y Calderón?
Al primero, lo de la Casa Blanca lo puso en la categoría de corrupto, pero al actual mandatario le perdonan el video de su hermano recibiendo dinero de un operador del gobernador de Chiapas.
Al segundo, no lo bajan de asesino por los miles de muertes en medio de la creciente inseguridad, pero al actual –con más asesinatos reportados– no lo tocan ni con el pétalo de una crítica.
Las continuas peleas que el presidente mantiene todos los días desde Palacio Nacional parece que cuentan con el beneplácito de los ciudadanos. Desde el púlpito mañanero, ha emprendido sus reyertas en contra de empresarios, periodistas, intelectuales, activistas sociales, de hecho, ha dicho que las mujeres que protestan por la violencia de género están manipuladas y su popularidad no baja, como si los encuestados fueran puros hombres o a las mujeres que se les preguntó este tema no les interesa.
En Morena, con motivo del proceso para renovar su dirigencia interna, las acusaciones entre los aspirantes están a la orden del día, con señalamientos de gastos excesivos por parte de Gibrán Ramírez, las irregularidades que han motivado denuncias penales en contra de Yeidckol Polevnsky, las amenazas de Porfirio Muñoz Ledo en contra de Marcelo Ebrard, los audios filtrados, las sospechas de que Mario Delgado cuenta con un financiamiento irregular, pero para los que son encuestados acerca de sus preferencias electorales en los comicios del año entrante el partido que tendría más votos es dicho movimiento.
¿En serio a los mexicanos no les importa lo que pasa al interior de dicho partido, la guerra civil que se vive en su seno? Por cuestiones similares, el tricolor o el azul han perdido la confianza ciudadana.
Desde el extranjero se ha criticado la construcción de la refinería en Dos Bocas, el manejo de la pandemia, las decisiones económicas –como apoyar a ese barril sin fondo que es Pemex–, la actitud intolerante del presidente frente a la prensa, la destrucción de la ciencia en el país, pero eso a los mexicanos les da igual, como también las denuncias por irregularidades en la entrega de apoyos en los programas sociales, la falta de medicinas y un largo etcétera.
¿Qué es lo que se necesita para que los mexicanos abramos los ojos y veamos que no se trata de un gobernante –por mucho que se ha idealizado– perfecto, sino uno que ha mostrado cometer errores que nos están costando como país?
Quizá se trata de una pregunta sin respuesta, pues mientras en las calles y en los hogares los comentarios respecto al presidente son negativos, las encuestas reflejan que hay quienes están contentos con la manera de conducir al país al fondo del barranco, aplaudiéndole incluso por la crisis que ha generado.

