La carrera por tener una vacuna efectiva contra el coronavirus ha superado algunos de los más complicados obstáculos. De confirmarse el anuncio de Pfizer y la efectividad del 90% en su prototipo, el comienzo de las inmunizaciones a gran escala puede ser cuestión de meses, si no semanas. Ya habrá pasado lo más complicado (la investigación y los ensayos clínicos) pero le quedará el último tramo, el que lleva las moléculas del laboratorio hasta una jeringuilla y, de ahí, al brazo de millones de personas. Es un camino complicado que tiene que recorrer a aproximadamente 75 grados bajo cero. Tanto la farmacéutica como las autoridades sanitarias están tratando de allanarlo para que no retrase la inmunización.
El ministro de Sanidad, Salvador Illa; interviene durante una rueda de prensa tras la celebración del Consejo Interterritorial en el Complejo de Moncloa, en Madrid, (España), a 4 de noviembre de 2020. Durante la reunión de esta tarde, el Consejo Interterritorial de Salud ha estudiado los criterios de duración de los confinamientos perimetrales y la opción de decretar confinamientos domiciliarios.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado este martes que la Unión ha cerrado un acuerdo para comprar 300 millones de dosis. De ellas, 20 millones irán a España para vacunar a 10 millones de personas (ya que hacen falta dos administraciones), según ha dicho el ministro de Sanidad, Salvador Illa. Todavía está por definir a quiénes se vacunará con estas dosis y cómo se hará. Para establecerlo será necesario conocer los resultados oficiales de los ensayos de Pfizer y comprobar si se puede inmunizar a todos los grupos de edad y a personas con patologías, explica una portavoz del Ministerio de Sanidad. De ser así, lo normal, según dijo Illa, será que se vacune en primer lugar a los sanitarios y las personas de más edad, que son las más vulnerables a la covid. Estos grupos suman prácticamente el número de vacunas disponibles en esta primera entrega: en España hay más de nueve millones de mayores de 65 años y alrededor de medio millón de sanitarios.
Los servicios de salud pública de las comunidades autónomas y del ministerio tendrán que definir cómo lo hacen, pero si los resultados del ensayo no dan sorpresas, lo más probable es que se utilice una estrategia muy parecida a la de la vacunación de la gripe, asegura una fuente de un servicio de salud pública autonómico.
Pero el reto será mayor. En primer lugar porque la tasa de la vacunación de la gripe en España entre los mayores de 65 años es de un 54% y solo la reciben un tercio de los sanitarios. En la vacuna contra la covid el objetivo es que se inmunice a un porcentaje mayor de la población de riesgo, aunque siempre será voluntario. En segundo lugar, porque a los 28 días de la primera dosis hay que administrar la segunda, con lo que se duplica el trabajo. Y en tercero, por las características de la vacuna contra el coronavirus, que debe guardar una cadena de frío extremo.
Este último obstáculo lo asume Pfizer. “Hemos desarrollado planes y herramientas logísticas para asegurar un transporte, almacenamiento y control continuo de la temperatura de las vacunas efectivos. Nuestra distribución se basa en un sistema flexible que enviará los viales congelados al punto de vacunación en el momento necesario”, asegura una portavoz de la compañía. Es decir, en principio no hará falta un almacén central para guardar las vacunas. Llegarán en unos bidones similares a los que se han utilizado para transportar a África las vacunas contra el ébola, que también requieren temperaturas ultrabajas. En cada uno de estos caben 1.800 dosis y se pueden transportar en cualquier medio de transporte, no hace falta que esté refrigerado, puesto que la temperatura ya la mantiene el propio contenedor durante alrededor de cuatro semanas.
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