Se cumple hoy medio siglo del fallecimiento de Yuri Gagarin. Fue el 27 de marzo de 1968 cuando se estrelló el avión que pilotaban él y un instructor llamado Vladimir Seryogin. Las circunstancias del accidente fueron vagas e inconexas y así se mantuvieron durante más de 40 años, lo cual contribuyó a acrecentar aún más su estatus de leyenda.
Yuri Alexeyevich Gagarin fue desde el primer momento el prototipo del nuevo hombre soviético, perfecto para personalizar al astronauta lanzado a la conquista del cosmos en un momento de la guerra fría en que las dos superpotencias competían por demostrar su dominio del espacio. Joven, dotado de una simpatía arrolladora y poseedor de una sonrisa que el propio Sergei Korolev describió como “luminosa” también se demostró capaz de dominar las complejidades del vuelo orbital y las exigentes pruebas físicas de su entrenamiento.
Gagarin siempre fue el candidato preferido para asignarle el primer vuelo espacial, incluso por votación entre sus propios compañeros cosmonautas. Aparte de sus habilidades técnicas, Yuri provenía de una familia modesta y había alcanzado el grado de oficial en la fuerza aérea soviética tras pasar un aprendizaje como matricero en una fundición y luego, en una fábrica de tractores agrícolas; dominaba intuitivamente las relaciones públicas (algo que le sería de mucha utilidad después de su vuelo) y tenía experiencia no solo como piloto de caza sino también como paracaidista. Y, además, era bajito: no llegaba al metro sesenta. Dadas las reducidas dimensiones de la cápsula Vostok, eso era un plus.
Al contrario que alguno de sus compañeros, Gagarin no se vio envuelto en escándalos, al menos que trascendieran públicamente. Su suplente en el vuelo, Gherman Titov, arrastró siempre fama de mujeriego y bebedor. Otros tres astronautas del grupo (Grigoriy Nelyubov, Ivan Anikeyev y Valentin Filatiyev) fueron expulsados a raíz de una fenomenal borrachera seguida -en el caso de Nelyubov- de una negativa a presentar excusas. Hasta tal punto cayeron en desgracia que sus imágenes desaparecieron de todas las fotografías oficiales, una operación nada fácil en una época que no existía el Photoshop. En Occidente circularon las versiones antes y después de las fotos. Esas inexplicadas ausencias dieron origen a la leyenda de los astronautas rusos muertos en el espacio y silenciados por las autoridades.
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