Gil y sus ojos de plato no dan crédito y cobranza, en la escena vacía después de la visita de Trump a México ha quedado un tiradero. Peor imposible: Hillary Clinton ha dicho que no vendrá antes de las elecciones de noviembre, en Cleveland calificó la reunión del presidente Peña y Trump como un “incidente internacional vergonzoso”. Gamés lo leyó en su periódico Excélsior: en una entrevista transmitida por el programa Good Morning America, de la cadena ABC, Trump declaró que “es un hecho que México pagará el muro (…) Veremos quién gana al final. Ellos pagarán el muro al 100%”. Así las casas (muletilla sin patrocinador), el paisaje después de la batalla ofrece un campo sembrado de errores, cálculos mal hechos. Caracho, no se necesitaba ser Winston Churchill. A veces el sentido común ayuda a salir de los enredos. Gilga no quiere ponerse dramático, pero sin ese sentido se navega a ciegas. Gil oye en su mente esta orden perentoria: al que se le ocurrió invitar a Trump, lo amarran a una silla y le leen poemas de Góngora y Argüende, o como se diga.
Cuidar a México
Gamés caminó sobre la duela de cedro blanco con las manos entrelazadas en la espalda. La entrevista que Carlos Marín le hizo al presidente Peña para MILENIO y publicada en todas sus plataformas ha sido única en su género y la más ríspida que recuerde Gamés entre un periodista y un presidente mexicano. Marín le ha dicho al Presidente que Trump “lo chamaqueó”, que la condena del muro era urgente y necesaria; el Presidente lo ha interrumpido y dicho que su obligación es cuidar a México y le pide a Marín que sea realista, “asumo el costo que ha representado este tema y lo asumo con la responsabilidad que significa ser el jefe del Estado mexicano, el responsable de cuidar a México (…) Soy el Presidente de México y actúo con la debida seriedad, con la plena responsabilidad y me importa cuidar el futuro de este país”.
Gamés está convencido de que si la tía Eduviges hubiera visto la entrevista habría dicho en varias ocasiones: “Virgen santa, esto va a acabar mal”. No acabó mal, o sí.

