Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó en su periódico MILENIO la inserción pagada de un grupo de asociaciones de corte religioso bajo la forma de grupos de padres de familia y asociaciones civiles como Juntos por México llamando a “las personas de buena voluntad” a asistir a la marcha que ocurrirá en distintas ciudades: “La familia y los hijos no son laboratorio social. ¿Por qué voy a ir a la marcha por la familia?”. El motivo de la marcha: el rechazo a la iniciativa del presidente Peña para dar rango jurídico a los matrimonios igualitarios y en consecuencia contra los contenidos de los libros de texto con información de la sexualidad de los hombres y las mujeres, de los niños y de las niñas.
Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: el respeto es una palabra muy sobrevalorada. Gil oye aquí y allá: sus opiniones son muy respetables. Con la pena, pero las opiniones de estos señores y señoras que marcharán mañana no le merecen a Gamés ninguna clase de respeto, suponiendo que haya varias clases: el respeto temeroso, el respeto vergonzoso, el respeto incauto, en fon. Decía Savater, si Gil no mal recuerda, que son respetables las personas y sus propiedades, pero no las opiniones. Así las casas (regresa grupo Higa a patrocinar esta muletilla), señores y señoras: marchen y griten, pero sus opiniones son sencillamente detestables.

