El PRI y la disyuntiva entre el legado de Colosio o el de García Paniagua

El presidente Andrés Manuel López Obrador acusó recibo sobre el anuncio que hizo la dirigencia del PRI al definirse como un partido de izquierda y les puso una prueba: aprobar la iniciativa de Reforma Eléctrica.

¿Lo harán? No en los términos en los que ahora se encuentra la propuesta, pero es muy probable que encuentren convergencias con Morena en el asunto de la nacionalización del litio.

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Para el titular del Ejecutivo hay un PRI rescatable, el de Lázaro Cárdenas y Adolfo López Mateos y uno réprobo y sin remedio, el de Carlos Salinas de Gortari.  Al primero lo considera nacionalista y al segundo privatizador y contrario a los intereses del pueblo.

Al margen de las distorsiones y simplificaciones históricas, el llamado de Palacio Nacional para que los priistas se definan podría encontrar eco y reventar las posibilidades de la alianza opositora.

Ese es el dilema de los priistas en la actualidad y sin duda los definirá para los próximos años.

El líder del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, es un político pragmático y sin formación ideológica. Apoyó con entusiasmo al presidente Enrique Peña Nieto y operó sus reformas en el legislativo, las que son consideradas neoliberales. Suele ser flexible en sus planteamientos.

Rubén Moreira, el otro brazo con mando en el tricolor, es un político astuto y eficaz. Logró suceder a su hermano, Humberto Moreira, en la gubernatura de Coahuila, pero lo hizo a partir de un arduo trabajo. Esta muy lejos de ser un improvisado y sí comulga con el progresismo.

Cuando gobernó se comprometió con la protección de los derechos humanos e impulsó iniciativas que resultaron exitosas para reducir los niveles de violencia y recuperar territorialmente espacios que estaban en manos del crimen, en particular en la zona de La Laguna.

El corrimiento del PRI a la izquierda centrista es más discursivo que otra cosa. En efecto, armar un programa en ese sentido tendría que estar sujeto a hechos y por ahora no han ocurrido.

Pero, además, si en realidad la idea es colocarse lejos de los autoritarismos del pasado, la comunión debería estar con el PRI de Luis Donaldo Colosio, María de los Ángeles Moreno y Beatriz Paredes.

El presidente López Obrador suele apelar a la historia y tarde o temprano hay que toparse con ella, porque, si Moreno Cárdenas y Moreira en realidad son de centro izquierda, verán muy complicada una alianza con la 4T, que es lo que más se parece al viejo partido dominante, el de Alfonso Corona del Rosal, Javier García Paniagua y Carlos Sansores Pérez.

Porque, en los hechos, la democratización del país no se dio en aquel pasado idílico, sino después, en los complicados años ochenta y noventa del siglo pasado. Ahí está una de las lecciones y nada menor.

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