La corta vista y las palabras largas de Alfredo Castillo han sido el bosque que impide ver a las federaciones como los árboles del estrepitoso fracaso de México en los Juegos de Río. Las federaciones, muchas con presidentes inamovibles desde hace 25 años, son un lastre del deporte nacional.
Los continuos desatinos de elefante en cristalería de Alfredo Castillo (llevar a su novia como parte de la delegación, decir que dirige una “agencia de viajes” y que “no esperen medallas”) dieron suficiente espacio a los federativos para esconder la basura bajo la alfombra.
Por ejemplo, los púgiles fueron quienes más simpatías despertaron porque obtuvieron sus uniformes “fiados” por parte de Adidas. Hasta fue viral en redes la foto del peso medio Misael Rodríguez, tras asegurar medalla con uniforme parchado y vendas, protectores y zapatillas que aún no ha pagado.
Sin embargo, la Conade dio en 2014 y 2015 a la Federación de Boxeo 22 millones de pesos, que la Federación justificó con facturas falsas, por lo cual un juez le suspendió el registro. En represalia, su presidente, Ricardo Contreras, puso a los boxeadores a botear para conseguir dinero.
Por eso tuvieron que salir con uniformes parchados, pues el poco más de un millón de pesos que le dio en mano el gobierno a la escuadra de boxeo para sus gastos en 2016 no le alcanzó para comprarse también equipo de competencia.
La verdad es que el gobierno gasta dinero a lo bestia en el deporte nacional. Sólo de 2012 a 2016 le metió mil 700 millones de dólares, cifra de la cual no existen facturas porque las federaciones se niegan a justificar sus gastos o lo hacen con papeles apócrifos, como la de boxeo.
Para colmo, colocó al frente de la Conade a Alfredo Castillo, quien es un improvisado en esa área por ser un abogado dedicado al tema policiaco y cuya única relación con el deporte, hasta ahora, era la de ser un furibundo aficionado al futbol y un jugador dominical de pádel.
Alfredo Castillo careció de temple para resolver un asunto de Estado con artes de político y capacidad de buen funcionario, a pesar de contar con todas las armas para ello, pues desde el 2014 la Auditoría Superior de la Federación alertó del despilfarro de las federaciones.
La Federación de Tiro con Arco tuvo un “daño o perjuicio” por no comprobar mil 500 millones de dólares “gastados” en material deportivo e insumos médicos. Pero Castillo respondió a todo sin altura de miras: planteó a los federativos un contencioso que pareció personal, siendo un tema de Estado.
Así que había que esperar poco de los Juegos de Río, teniendo en cuenta que en la Conade había un director improvisado y con mecha corta, y que en las federaciones los miles de millones de dólares del presupuesto se escaparon como de un barril sin fondo.
Además, tampoco juguemos con las palabras: la garra mexicana ha brillado por su ausencia en Río. Habría que pensar un rato para encontrar en nuestra vasta delegación de 125 deportistas un ejemplo de entrega, de dejarlo todo en la arena, de obligar a los rivales a quitarles la medalla con los dientes.
La autocrítica de los deportistas brilla por su ausencia, instalados en la zona de confort que significa que los reflectores se enfoquen a los desplantes y los paseos románticos de Alfredo Castillo por los terrenos olímpicos, y la guerra de éste con el Comité Olímpico Mexicano y las federaciones.
Porque en el deporte también se necesita corazón, eh.
Este artículo fue publicado en La Razón el 18 de agosto de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.
