Enrique Ochoa Reza, caballo negro

Miembro del sector itamita en el neopriismo tardío; funcionario eficaz a quien se impulsó desde el gobierno, sin éxito, para el Consejo General del INE. Uno de los arquitectos de la reforma energética, cercano a Luis Téllez, a Luis Videgaray, calidad técnica por encima de empatía social, dirigente del PRI por designación presidencial.


Enrique Ochoa Reza es ahora sí más priista que nunca, más peñista que todos; expone su perfil político, su condición de buen orador, imagen y desempeño frente a cámaras y micrófonos, de reacción rápida levantaguantes, asume retos.


Ochoa eligió blanco y arquero. Será él mismo el protagonista de la operación limpieza profunda en un priismo contaminado por lujos tóxicos de la familia presidencial, de su admirado Secretario de Hacienda y de muchos miembros de la élite tricolor que resumen que los políticos pobres son pobres políticos, a la sazón del mantra mexiquense del profesor Carlos Hank González.


El dirigente priista está resuelto a librar batallas retóricas, políticas y jurídicas contra aquellos opositores que, a decir de él, andan en recreo, diciendo y señalando cuanta falta real o imaginaria se les pega la gana sin encontrar oposición, sin respuestas argumentadas, bien comunicadas. Para eso llegó, para eso lo pusieron ahí.


Enrique Ochoa Reza goza la libertad implícita que da el liderazgo partidista, pregúntenle a AMLO, a Ricardo Anaya, a los dueños del PT, de MC, del Panal. Elegir temas y contrincantes sin camisas de fuerza impuestas por la función pública.


Si la impronta de esta administración quiere ser el reformismo, la transformación, el PRI no puede quedar ajeno a ese ánimo político por trascender y abrir nuevas formas.


Desde Fernando Ortiz Arana, líder tricolor cuando asesinaron a Luis Donaldo Colosio, costumbrismo y disciplina presidencial obligaron al dirigente nacional a no competir por la candidatura presidencial bajo la premisa de ser juez y parte.


Roberto Madrazo le dio ídem al dedazo siendo dirigente de la orfandad presidencial producto de la alternancia en 2000; Madrazo aprovechó la circunstancia y la plataforma para desde el CEN del PRI ser candidato. Así fue y así les fue.


Manlio Fabio Beltrones dijo que sería inequitativo promoverse desde la posición, pronto sabremos si el sonorense tendrá otra posición; sea por designación o por propia decisión, liderando un frente opositor institucional al interior del partidazo.


Enrique Ochoa no se prohíbe nada, igual que Aurelio Nuño y José Antonio Meade; más suelto que ellos, Ochoa Reza construye imagen, inicia reconocimiento y giras, abre frentes, responde y reta.


Igual sucede en la selección mexiquense de candidato, antesala sin margen de equivocación para 2018. El líder del PRI en Toluca, Carlos Iriarte, se perfila como candidato idóneo. El partido, catalizador de personajes, se impone.


Por descendencia del gabinete económico, edad, perfil, Ochoa Reza es el caballo negro a vistas. “Engañar con la verdad”, viejo arte de la política nacional.



Este artículo fue publicado en La Razón el 18 de agosto de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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