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Los días olímpicos avanzan rumbo al final. Gil siempre ha imaginado que en la Villa ocurren cosas fantásticas: el levantador de pesas de 105 kilos visita a la pequeña gimnasta de 48, muy elástica. La clavadista se lleva al río al campeón de salto de garrocha, acompañado de su instrumento, delgado y largo (no empiecen). La yudoca de peso completo jalonea al esbelto corredor de 10 mil metros. Dos gimnastas hombres desatan sus deseos en el caballo con arzones. La corredora de 400 metros planos besa de emoción a la clavadista china, menuda como un soplo. En un departamento de la Villa un boxeador colombiano, un maratonista etiope y una volibolista rusa de playa hacen de las suyas.


Dirán que la mente enferma de Gilga ha llegado al paroxismo, pero ustedes, lectora, lector y lecter qué pensarían si se enteran de que 10 mil 500 atletas se hospedan en una pequeña ciudad del deporte y además leen la noticia de que 450 mil condones se han destinado a la Villa. Ustedes pensarían lo mismo que Gilga: el aquelarre no se detendrá. Fíjense cómo el ser humano ha mejorado pese a la CNTE: en Seúl 1988 se repartieron 8 mil 500 piezas protectoras para 8 mil 391 competidores. Una cantidad vergonzosa, pacata, hipócrita. En Barcelona 1992, cuando aumentaba la cantidad de enfermos de VIH, se repartieron 90 mil condones, una cantidad menos miserable que la de Seúl, pero en ningún sentido suficiente. En Londres, finalmente, se distribuyeron 150 mil condones para 10 mil 768 atletas. Estas importantes cifras puede usted encontrarlas en la columna de Bibiana Belsasso, Bajo Sospecha, de su periódico La Razón. ¿Cómo la ven? Dicho sea esto sin la menor intención de un albur olímpico.


La sexóloga sabe


Irene Moreno le responde a Bibiana Belsasso con precisión de ingeniero: “Al hacer deporte se generan muchas sustancias placenteras, entre ellas las endorfinas, y elevan la cantidad de dopamina. Estas sustancias que generan estados de felicidad, aunadas a la adrenalina y la testosterona, que se elevan de manera muy importante al momento de tener una competencia de alto rendimiento, un desempeño más allá de lo común, implican que también hay una exacerbación del deseo sexual porque son las mismas hormonas que provocan el deseo”.


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