La crónica francesa: Anderson, cineasta ludens

 

La crónica francesa es la más reciente película del director Wes Anderson.

Wes Anderson es uno de los cineastas que tiene garantizado un enorme público global para cada una de sus películas. La crónica francesa (2021) es su largometraje número 10, habiendo comenzado su carrera en los años noventa y contando también con la dirección de 10 cortometrajes, formato que sigue cultivando incluso en esta cinta. La crónica francesa, además de reconfirmar la calidad y especificidad de su obra audiovisual, también puede plantear reflexiones sobre los alcances del juego en el cine.

El filme de Anderson es una revista: una colección de 3 cortometrajes, unidos por un prólogo, un epílogo y otros fragmentos. Los relatos se relacionan con el director de una revista que protegía a sus escritores porque eran “su gente”. La publicación era redactada en inglés desde la imaginaria ciudad francesa de Ennui, palabra que refiere al aburrimiento. El semanario The French Dispatch del periódico Liberty, Kansas Evening Sun inició como cuaderno de viajes que llevaba el mundo a Kansas, Estados Unidos. La narradora, a quien se oye a través de la película, cuenta que la revista llegó a tener más de medio millón de suscriptores en 50 países. Los hechos se suceden y es contundente la textura pictórica, que genera un París fuera de París, entre coches y otros elementos caricaturescos.

Benicio del Toro, Léa Seydoux, Tilda Swinton y Wes Anderson durante la filmación. Searchlight Pictures.

Cada fragmento tiene ritmo y tono diferentes, a pesar de su común vocación de avalancha. Asimismo, La crónica francesa es un desfile de estrellas que incluye a Bill Murray, Tilda Swinton, Frances McDormand, Adrien Brody, Benicio del Toro, Owen Wilson, Léa Seydoux, Elisabeth Moss, Willem Dafoe y la voz de Anjelica Huston. En “La obra maestra de concreto” un pintor loco está encarcelado, mantiene una relación con una guardia —a quien da una castaña caramelizada en la boca en algún momento. En modo paródico, él se pinta a sí mismo, consigo mismo como modelo y con un espejo que lo refleja: cuatro de él a cuadro, con ojos desencajados. El paso del tiempo es teatral, evidenciado por el reemplazo del personaje, de un actor a otro frente a la cámara y sin truco. En este segmento —protagonizado por Del Toro— hay ideas acerca del arte y juego sobre el provincialismo: un museo de Kansas está a mitad de una milpa. Pero quizá “La obra maestra de concreto” gire principalmente alrededor de quienes realmente hacen y quienes actúan con suficiencia, aún careciendo de sustancia: el evasor fiscal que lanza a la fama al pintor informa que harán un libro para “volverlo más importante”, porque un artista lo sería en tanto que venda su obra.

El cineasta Wes Anderson con figuras de personajes de sus películas.

En “Correcciones a un manifiesto”, una partida de ajedrez y la lucha de los hombres por el derecho a entrar al dormitorio universitario de las mujeres desencadenan una revuelta. Una periodista de La crónica inicia un amorío con un estudiante, el redactor del manifiesto del movimiento, “La revolución de ajedrez”. Una estudiante ataca el texto, calificándolo como “poético, en mal sentido”. El criticado y la crítica se enamoran al grado de que él llega a preguntarse si ella recordará el sabor de su “instrumento” en la punta de su lengua. Él terminará como efigie en camisetas —que remedan las del asesino Ernesto Guevara— a partir de una fotografía al frente de manifestantes, con cigarrillo entre los labios. Entre tenues colores, emerge un rasgo del cine de Anderson: la ternura, en escenas como la de la estudiante que da papitas a su amado en la boca.

Correcciones a un manifiesto_, segundo episodio de La crónica francesa. Cinefotografía de Robert D. Yeoman.

El último cortometraje, quizá el de paso más rápido, es “El comedor privado”. Un periodista de La crónica es entrevistado en televisión y afirma tener “memoria tipográfica”. Él cuenta la historia de un secuestro, el ingenio del niño cautivo y la acción heroica del cocinero y teniente Nescaffier, interpretado por Steve Park. En esta sección, Anderson optó por mezclar metraje fílmico con animación. Aparece el director del semanario, que recluta a quien sería entrevistado en televisión, repitiendo su consejo preferido para sus escritores: “trate de hacerlo sonar como si lo hubiera escrito así a propósito”. En esta historia, el origen extranjero de Nescaffier lo lleva a sentir que está: “buscando algo que falta, extrañando algo del pasado”, tras sobrevivir a ingerir veneno, sabiendo que lo hacía, para salvar al niño raptado. En La crónica francesa hay una dialéctica de inclusión y exclusión, al mismo tiempo evidente y que escapa a la simpleza.

Imagen de _El comedor privado_, tercera parte de La crónica francesa. Animación de Bastien Belvaux, Andy Gent y Gwenn Germain.

La ligereza de Anderson representa un desafío si se cree en la exclusiva legitimidad de la seriedad. El tono solemne no es equivalente a valor cinematográfico. Sin embargo, hoy, curiosamente, el punto de partida —al menos hacia los grandes públicos— es contrario a la solemnidad. Se asume que la diversión debería ser omnipresente, aunque —por aparentar equilibrio— entre andanadas de desvaríos aceptados como chistosos, se incluyan toques de tristeza, u otros sentimientos, como descansos funcionales a la trama. Esta película, a pesar de su disposición anímica —siempre sonriente— y de coincidencias genéricas, se distingue de ese tipo de producciones, por ejemplo, al aceptar que con la muerte del director de La crónica sigue el fin de la revista y su universo. En un mundo en que la risa es lugar común y la sonrisa se ha vuelto forzosa —en vez de ser sorpresa e irrupción— el carácter de La crónica francesa y la creatividad de Anderson, el cineasta ludens, crean un encanto en que el juego da espacio a la melancolía, construyéndola de una forma que se asemeja a lo genuino.

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