Buena parte de los seguidores de Andrés Manuel López Obrador simpatizan también con el trabajo de Carmen Aristegui, aun cuando entre ambos se han expresado diferencias notables en los últimos años: cuando la periodista emprendió un recurso legal ante el IFE para que no fuera difundido un video donde ella aparecía como parte de la argumentación de un posible fraude electoral que le habría arrebatado el triunfo a AMLO; cuando el político tabasqueño aseguró en marzo del año pasado que la salida de Aristegui de MVS no se debía a presiones del gobierno federal y hoy, que López Obrador cuestiona en Twitter a quienes “Se rasgan las vestiduras por el plagio de EPN pero algunos respaldaron a Calderón cuando se robó la presidencia. Hipocresía conservadora”. A quienes se rasgan las vestiduras, repito, o sea que a quienes consideramos graves las anomalías en la tesis de EPN y luego especifica un dardo contra Enrique Krauze; como sea, AMLO minusvalora el trabajo de Aristegui.
Me atrae aquel reborujo. Primero porque le exige a los seguidores de ambos actores públicos, dejar de ser eso precisamente, seguidores, y comprender matices para definir opiniones. Segundo, porque los obliga a ser autocríticos: si alguien que no sea AMLO dice que no hubo presiones del Gobierno Federal para que MVS terminara el contrato con Aristegui, ellos, los seguidores del tabasqueño, le endilgan cualquier adjetivo o acusación; la contradicción es evidente. Tercero, porque aunque la periodística haga política antigobiernista eso no significa que simpatice en todo con Andrés Manuel (y menos cuando esté expresó su punto de vista sobre el conflicto entre ella y MVS) aunque apele a sus seguidores para obtener su apoyo (lo cual explicaría por qué no revisó el curriculum académico o la tesis del tabasqueño). Y, por último, junto con el misil contra Krauze, López Obrador está desestimando el golpe político de Aristegui contra Enrique Peña Nieto (y además, alejando reflectores que podrían alumbrar su rendimiento académico).
Como sea, estoy seguro de que los seguidores de ambos actores políticos tiene oportunidad de alejarse del fanatismo, o al menos la obligación, porque si en serio fueran Solovinos como les dijo López Obrador, con alguno de sus amos quedarán mal.
