Alejandra Barrales debe enfrentar la crisis financiera del partido, el endeudamiento del PRD no se resolverá con “boteo” epistolar como La Razón documentó el fin de semana; debe revisar su estructura, ordenar la chequera, su ímpetu democrático, que sitio menos propicio para ello, no hay.
Cuadrado el tema administrativo, pasar a lo sustantivo, al orden político e ideológico. Qué oposición quiere y puede ser el PRD. El corporativismo perredista, eso que llaman corrientes y que mal disimulan como vigor democrático, debe encontrar cauce a partir de grandes definiciones.
Alianzas: ¿Con el PAN, con Morena o con el PRI? Con el PAN compite por el título de campeón sin corona: triunfos nominales, no reales. Las coaliciones de 2016 con los azules funcionaron en Veracruz, Quintana Roo o Durango, pero en ningún caso el PRD puede presumir de candidato, estructura, agenda o plan de gobierno.
Con Andrés Manuel López Obrador, el sol azteca está condicionado a una carta de buena conducta expedida por su último líder moral, ése que los maltrata sin cansancio. El de Tabasco juega con la absolución política, como a Manuel Bartlett, o la condena al infierno de la que ni sus hermanos de sangre se salvan.
AMLO ve de reojo al PRD de Barrales. Si hay pudor, si no se deja agarrar la pierna, López Obrador puede ser su patrón político de nueva cuenta.
El senador Miguel Barbosa dijo que con Alejandra Barrales el PRD va a convertirse en el PVEM del PAN. Comparsa menor. Quizá el de Puebla estima mejor que el PRD reemplace en esa posición al Verde, como oposición más funcional del PRI.
El Pacto por México les costó caro a los amarillos: asociarse a cambio de fotos y viajes, giras y noches en Buckingham tampoco pinta como el mejor escenario.
Si el PRD quiere ir con un candidato ciudadano, pero propio, como Miguel Ángel Mancera a la presidencial de 2018, sin someterse a AMLO como Ebrard lo hizo en 2012, entonces lo primero es reposicionar al partido como estructura política regional, con bastiones leales.
Si Morelos, Michoacán y Tabasco no juegan en equipo ningún proyecto será fuerte, viable.
Alejandra Barrales puede ser candidata al gobierno de la CDMX y parársele enfrente a Claudia Sheinbaum, favorita de López Obrador, esposa de Carlos Imaz, antecesor suyo en Tlalpan y quien corrió antes de ser balconeado con ligas y fajos de billetes, igual que otros señores leales a AMLO.
Con la definición de liderazgo en el PRD, las líneas de comunicación se activan. El PAN de Ricardo Anaya querrá saber a la brevedad qué juego pretenderán los amarillos para 2017. El líder de Morena deberá cerrar o dejar abierta la puerta para hacer alianzas o apostar por sí mismo, egolatría que aspira ser Estado hecho persona. El cañaveral se agita.
Este artículo fue publicado en La Razón el 19 de julio de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.
