A raíz del archiconocido caso del joven de 24 años encarcelado “por robar 79€ con una tarjeta de crédito falsa” se ha generado una tremenda polémica en las redes sociales entre los que acusan al sistema de que por solo 79€ se le condene a cuatro años de prisión y los que defienden que la condena se ajusta a Derecho porque, detrás de su delictiva acción, existen otros componentes penalmente reprochables que justifican la condena.
Pues bien. Lo primero que hay que hacer es aclarar cuáles son los hechos probados por los que se condena a Alejandro Fernández y si realmente la pena impuesta es justa y ajustada a Derecho, que no tienen por qué ser lo mismo.
Los hechos probados de la sentencia
La sentencia condena a Fernández (en la resolución, Isidro Daniel, al estar anonimizada para preservar la intimidad de los condenados) a cuatro años de prisión por un delito de falsificación de tarjetas de crédito, conforme a lo establecido en el artículo 399 bis 2 del CP, y a uno años por delito continuado de estafa, tipificada en los artículos 248 y 249 del CP.
Como hechos probados señala que en 2010 Fernández, junto con dos personas más con antecedentes penales por hurto y lesiones, fue sorprendido en un hipermercado cuando pretendían comprar un artículo por importe de 523,5€, habiendo ya efectuado dos compras anteriores por valor de 299 y 257,80€. Todo ello valiéndose de tarjetas de crédito falsificadas, dos de ellas a su nombre.
En palabras de la juez, “la versión de los hechos dada por Fernández es absolutamente inverosímil y contraria a la lógica más elemental” y en la sentencia no menciona nada del supuesto episodio de los 79€. Su defensa se basó en acusar a otro de los acusados de haberle engañado para obtener beneficios a través de las tarjetas falsas que él poseía y de las que desconocía su procedencia ilegal porque, además, él nunca había utilizado antes una tarjeta para comprar. Pero, como expone la sentencia, "Este desconocimiento inicial sobre el carácter falsario de las tarjetas no se sostiene en pie un solo instante. Si nunca había poseído ni visto una tarjeta de crédito, y de pronto se encuentra con que le entregan dos, a su nombre, con las que puede adquirir los efectos que le apetezcan… ¿cómo puede pensarse que todo esto era legal, que no era malo?". Además, si no dudaba de la legalidad de las tarjetas, ¿por qué huye en el coche cuando la policía lo sorprende en compañía de sus amigos intentando adquirir con las tarjetas otro artículo?
Otro hecho probado por las testificales de los propios acusados es que la persona que les proporcionó las tarjetas les dijo que eran para que adquirieran con ellas algunos efectos, y por ello les pagaría una comisión. Además, en la operación posterior, que terminó con ocho imputados, se encontraron pasaportes, tarjetas y carnés falsos, además de los útiles necesarios para la falsificación de documentos.

