El cartón que Paco Calderón publicó el pasado martes 14 en el periódico Reforma, donde critica la alianza entre la CNTE y Andrés Manuel López Obrador, disgustó de tal forma al académico John Ackerman, que éste sugirió que el caricaturista debe retractarse y consideró que cualquier ciudadano “de buena fe” debe repudiar al monero por su trabajo al que cataloga como “clasista y racista”.
La reacción del colaborador de La Jornada y Proceso, ha alcanzado no sólo al cartonista de Reforma, sino a todo aquel que ha difundido la caricatura a través de Twitter y coincida en la crítica que ésta hace de la relación de la disidencia magisterial con el dirigente del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Un ejemplo, es el senador del PAN, Javier Lozano, con quien Ackerman entabló un intercambio de tuits, en uno de los cuales lo tilda de “acomplejado”.
En etcétera se cuestionó que Ackerman promoviera la censura a Calderón, circunstancia que el académico ha negado y sostiene que su llamado es a repudiar el “odio racial”. Sin embargo, consideramos que desde el momento en que se exige al caricaturista retractarse de su posición editorial sobre la relación AMLO-CNTE y considera que "se le debe repudiar” por su opinión, se pretende vulnerar la libertad de expresión del caricaturista y más aún, cuando no se explica a los lectores cuáles son los argumentos para asegurar que el cartón es “racista y clasista”.
JAMAS se ha hablado "censura" @revistaetcetera @CartonCalderon sino de reprobar discurso ODIO RACIAL estilo #Trump. https://t.co/hxUi8pcWtg
— John M. Ackerman (@JohnMAckerman) 16 de junio de 2016
Asimismo, no deja de resultar paradójico que mientras John Ackerman y quienes coinciden con su militancia política y su punto de vista acerca de la caricatura de Paco Calderón, cuestionen que ésta alienta el “odio racial”, sea precisamente con descalificaciones y mensajes de “odio” como encaran a todo el que tenga un punto de vista diferente.
Creemos que si desde hace muchos años el Presidente de la República dejó de ser una figura vetada para la caricatura política, un género por antonomasia crítico y mordaz, no debe haber a estas alturas temas ni personajes políticos intocables.
