La coincidencia de apellidos entre el secretario de Gobernación y el director de la decepción nacional de futbol hace fácil el chascarrillo, pero el país no está de buen humor, ni en lo realmente fundamental ni en lo aparentemente intrascendente.
En lo deportivo el coro crece: Juan Carlos Osorio debe irse, remedio sin trapito porque la porra enmudece respecto al relevo pertinente, idóneo, adecuado.
Los muertos de Nochixtlán, Oaxaca, escalan el tema del choque con la CNTE a niveles más que inéditos, peligrosos. La disyuntiva entre firmeza monolítica, cero diálogo mientras persistan paros y marchas (despidos incluidos), o la de hacer política y más política, sobre la mesa y debajo de ella, sin claudicar en el empeño del Estado, sube de contraste.
La calma sucia de las elecciones pasadas, con todo el lodo y demás suciedad que las cubrieron, contuvo lo que ahora se desborda.
Desde el INE con un escándalo, por lo más bajo, donde su Coordinación Nacional de Comunicación Social se convirtió en set de telenovelas, pasiones personales que trascienden y terminan con la confianza en sus servidores y peor, con la pulcritud institucional cuando el tema electoral y sus árbitros democráticos no gozan de salud para ello.
La renuncia anunciada del diputado federal con licencia Agustín Basave a la presidencia del PRD desata por enésima ocasión los apetitos mundanos de tribus perredistas por hueso y presupuesto, también la “N” ocasión para repensar al partido que, en 25 años de vida, fortalece a más a sus sectas y mesías que su cacareado “vigor deliberativo” que produce nuevos cochineros perredistas.
Manlio Fabio Beltrones renuncia al PRI, dice que es una derrota electoral, no una derrota política. Algunos no ven en el relevo de su dirigencia nacional solución de fondo, si acaso un alivio cosmético que puede durar lo mismo que un director técnico de futbol, una racha, pero ilusión al fin que acaba con una goleada inolvidable.
Rumbo al cuarto informe de Gobierno del Presidente Peña Nieto se especula un día sí y otro también sobre cambios y ajustes en su gabinete o en su primer círculo de colaboradores, hay trascendidos que por la mañana se tuitean y al mediodía se borran de portales.
Los empresarios patrones del país se manifiestan por una mal hecha, y peor explicada, ensalada anticorrupción que obliga a sus creadores a desmentirse, a deslindarse y hasta a solicitar al Ejecutivo que vete a este Frankenstein legislativo que va a ningún lado, excepto a transformar la #3de3 en un chiste malo y olvidable, como #YoSoy132 y demás # de la era político-digital de la política-ficción.
Se podrían ir varios, pero ¿quiénes son relevos viables y reales? Circunstancia que reclama seriedad y madurez, no improvisación ni ocurrencias de cara a la gradería nacional.
Este artículo fue publicado en La Razón el 20 de junio de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.
