No conozco a la Sra. Armendáriz ni creo tener el disgusto de llegarla a conocer personalmente. Afortunadamente nos movemos en mundos muy distintos. Alguna vez la vi por algunos momentos en Shark Tank y me apresuré a cambiar de canal. Este programa lo asocio siempre a la altanera presencia de Trump en su versión estadounidense y francamente este modelo de dizque empresarios y sus desplantes mediáticos no me gusta nada. La famosa frase “You´re Fired” o ”Estás despedido” fue el sello del exinquilino de la Casa Blanca, quien disfrutaba soltársela a jóvenes que buscaban en “El Aprendiz” una oportunidad para trabajar con el tramposo magnate. Prefiero no ver ese tipo de espectáculos aquí o allá.
Pero el reciente y lamentable incidente en el que la legisladora morenista se dirige a un grupo de lacandones de la manera más soez y agresiva posible me hizo reflexionar sobre qué es lo que puede motivar a mostrar actitudes y un lenguaje así de grosero a una persona rica y empoderada como ella. En psicología hay muchos estudios y reflexiones al respecto.
Desde siempre se ha hablado sobre el insaciable apetito de poder que tienen los seres humanos y de cómo algunos (y algunas, claro) al subirse a un ladrillo se sienten omnipotentes y se marean. Cuando vemos la arrogancia y desprecio de ciertos individuos frente a los débiles me reafirmo en pensar que los factores psicológicos juegan también un papel muy importante en el entramado político, económico y social de un país. En estos tiempos estamos viendo muchos ejemplos de ello.
La personalidad autoritaria resulta ser la raíz de este tipo de comportamientos. Los individuos con esta tipología se doblegan fácilmente ante los poderosos y se descargan con los vulnerables, sin darle muchas vueltas, esta es la esencia de los narcisistas que no son capaces de comprender al otro, sea este superior o inferior a su rango social.
Para ellos, los puestos de autoridad siempre son idealizados y los (desde su punto de vista) “inferiores” merecen un trato duro y sin consideraciones. No hay mejor ejemplo de esta situación que lo que documenta la diputada Armendáriz al sobajar y humillar a un grupo indígena que buscaba su apoyo y al mismo tiempo obedecer a pie juntillas las indicaciones de su amo y señor, el presidente de México.
Las tendencias tiránicas o si se prefiere el autoritarismo no son una enfermedad mental, no se trata de “locos” que no saben lo que hacen en un estado de conciencia alterada. Tanto el presidente como muchos de sus cortesanos y subalternos no están enfermos ni necesitan ser curados médica o psicológicamente. Estos individuos son más bien piezas de un tejido social que da como resultado en ocasiones personalidades insuficientemente estructuradas, inmaduras, pero lo suficientemente hábiles como para escalar posiciones de poder y hacerse del dominio de otros. Así se vuelve a veces la vida.
La situación que vivimos hoy nos muestra una mayoría que no es capaz de comprender (ni le interesa) el funcionamiento de nuestra sociedad, ni ha existido la responsabilidad de los poderosos por explicársela. Junto a ellos, a los que o necesitan comprender, coexiste un ramillete de cínicos que, a sabiendas de que actúan en perjuicio de todos, se decantan por complacer sus ambiciones sin remordimientos de por medio. Así nos dominan y gobiernan.
Una de estas finísimas personas parece ser la Dip. Patricia Armendáriz. Condeno sus palabras, su tono y su actitud, claro, pero…como psicóloga le agradezco profundamente la oportunidad que me ha dado en sus años de actuación pública para presenciar de cerca los desvaríos de su prepotencia, arrogancia y falta de empatía por los más necesitados. You´re fired, diría yo.

