Tres días después de la hecatombe británica y su democrática decisión de abandonar la Unión Europea, donde por cierto nadie dijo “voto por voto ni casilla por casilla, ni compló, ni fraude”, España y sus elecciones completaron un cuadro geopolítico más complejo de lo que en un principio se leyó (y se pregonó), el aplastante, premonitorio, triunfo de los antisistémicos del mundo, unidos y abriendo camino a AMLO en 2018.
Tres días después del 23J británico que no se olvida, y del cual ya algunos quieren rajarse, España quizá mirándose en el espejo británico votó contra lo que cada vez más desprestigiadas e inútiles encuestas vaticinaban: votó por la derecha del PP, por los sistémicos que gobiernan; mandó a tercera posición a los más nuevos y progresistas de Juntos Podemos.
¿Qué tiene que ver el candidato mexicano presidencial de oficio con sacudidas políticas de Londres a Madrid? Pues que una primera lectura era también una alegre premonición al extrapolar el diagnóstico del hartazgo social hacia los políticos, hacia los dictados económicos globales, hacia los partidos tradicionales, globalifóbicos 2.0, antisistémicos y demás neonomenclatura acuñada para describir lo injusto, anquilosado, opuesto a bueno, justo y moderno.
Los “qué” reinan sobre los “cómos”. Así ocurre, así nos va. El hartazgo, en Londres, Madrid o México, es nido para populismos que cantan como sirenas y encantan a ciudadanos como a marinos. Hoy Gran Bretaña hurga buscando entre ella misma un resquicio que le permita replantear el drástico #Brexit, una segunda opinión. Lamentos arrepentidos se escuchan por Downing Street.
En México varios son los que dan por sentado que efectivamente, como dice López Obrador, la tercera será la vencida; la corazonada morena se alimenta y crece frente a los malos manejos políticos y de comunicación que sobre los presuntos malos manejos financieros se han hecho.
La corrupción es una mancha negra que percude casas antes blancas, de ciudad y de campo, que permea en la sociedad, que tira niveles de aprobación, que cobra en las urnas con votos de castigo. Derechos humanos torcidos hasta doler.
Todo empeora con un ambiente económico estable a pesar de la volatilidad, pero incapaz de generar sensaciones de bienestar y crecimiento; los fundamentales económicos no alcanzan a impactar en la percepción, en la confianza y optimismo que miden encuestas econométricas.
Y sin embargo de España nos llega una estampa diferente, post-#Brexit, que habla de algo distinto, que dar un paso al vacío no es siempre la mejor decisión, que se puede revisar y corregir siempre, que las promesas de felicidad no pueden sustentarse en el voluntarismo, en la demagógica consulta a mano alzada en la plaza medio llena.
Lección exterior para su interpretación intramuros. Lo que el #Brexit da, España lo quita.
Este artículo fue publicado en La Razón el 30 de junio de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.
