Un estado plagado de redes de narcotráfico y de policías al servicio del crimen organizado. “En cada municipio había un pequeño narcogobierno que dictaba las reglas del juego y decidía el destino” de la gente.
Dominaba el estado el Cártel del Golfo, luego llegaron Los Zetas y para enfrentarlos acudieron los sicarios del Cártel Jalisco Nueva Generación, Los Matazetas, apoyados por el Cártel de Sinaloa.
Esta proliferación de grupos delictivos funcionaba gracias a sus vínculos con la policía municipal, pero sobre todo a su labor de infiltración en las más altas estructuras del poder estatal. En menos de una década el estado se descompuso a niveles de escándalo. “Veracruz nunca había enfrentado una marejada de violencia de tal magnitud como la vivida recientemente”, afirma Ricardo Ravelo.
México es el país más peligroso para ejercer el periodismo en América, y Veracruz es el estado de México donde más riesgo corren los comunicadores por su profesión. El 30 de mayo de 1984, según Miguel Ángel Granados Chapa, se registró, con la muerte de Manuel Buendía, el primer asesinato de un periodista por asuntos relacionados con el narcotráfico. Ha corrido mucha agua bajo el puente desde entonces.
De 2006 a la fecha, según la PGR, se han registrado 103 asesinatos de periodistas. Con 16 comunicadores ejecutados, Chihuahua y Veracruz son los estados con el mayor número de casos. A los que se añaden los periodistas desaparecidos: 25 en la pasada década. En los últimos años, bajo el gobierno de Javier Duarte, en Veracruz se han registrado 14 homicidios de periodistas y 4 desapariciones. Los reporteros hacen su trabajo en un entorno dominado por las mafias, las redes criminales y los policías municipales coludidos con el crimen organizado. Huelga decir que ninguno de los 18 casos ha sido resuelto, y ni siquiera debidamente investigado.
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