“Greta Lozano, la mariposa del arcoiris”

Greta Lozano nació de un capullo como una discreta mariposa con antenas saltarinas y voz de susurro. Sus alas eran grisáceas, casi transparentes, y sus ojos detrás de las gafas destellaban con una intensidad que contrastaba con su frágil apariencia.

Desde que salió de la pupa, Greta se sintió atraída por los sonidos del mundo que la rodeaba. Llena de curiosidad, escuchaba atentamente el canto de los pájaros, el zumbido de los insectos y el murmullo de las personas que pasaban por el jardín. Durante los días de lluvia le gustaba aletear entre los recóveos del arcoíris.

Un día, mientras volaba cerca de una ventana abierta, Greta escuchó palabras suaves que hablaban de política y poder. Greta se sintió fascinada y comenzó a imitar esas tonalidades. Al principio, fue solo un susurro, pero pronto se dio cuenta de que podía hacerlo con una precisión asombrosa, como si la voz emanara de su propio interior. Desde entonces comenzó a ensayar los mejores discursos, lo hacía junto a sus amigos los grillos, aleccionaba hormigas con los encomiables temas de la diversidad y luego de extraer el néctar de las flores, sus palabras sonaban a las mieles de una juventud dispuesta a cambiarlo todo.

Pronto, Greta se convirtió en una estrella de la televisión. Con sus alitas moradas y su boca coqueta su habilidad para hablar como política era sorprendente. Primero asistieron a sus programas, libélulas, arañas y escarabajos recién nacidos. Luego dirigió el noticiero estelar. Un logro indiscutible para una mariposita, un aliciente indudable para que en las especies vivas prevalezca el respeto. Greta entró en prácticamente todos los hogares del país y con ella concurrieron loros, cuervos, guacamayas y buitres para hablar de política.

Pero con el tiempo, la voz apacible de Greta empezó a emitir términos cada vez más rígidos. Más que un tierno insecto desplegaba sus alas como una monarca. Regañaba a quienes apreciaban su propio plumaje, su pico o sus colmillos. Ella que se decía tan diversa. El colmo fue cuando volvió a imitar a políticos, en este caso populistas, empleando los mismos recursos de manipulación y engañó. La decadencia de Greta Lozano ocurrió cuando se convirtió en un instrumento de ellos, que sostienen el poder y el control. Entonces fue despedida como directora del noticiero de televisión y confinada a ser parte de una mesa de análisis donde exhibe sus propias frustraciones. Parece una estrella del cine de los años 50 reclamando sus glorias de ayer, con el maquillaje corrido y los tacones desvencijados.

Entonces Greta Lozano comenzó a aceptar cualquier trabajo, en las tardes detrás de un mostrador de cine vendiendo palomitas y refrescos, y en las noches bailando por tres fichas la pieza, cualquier género musical, aunque a ella solo le gustaba Liza Minnelli y sus noches de cabaret. Pero un día, la mariposa en el ocaso recibió una oferta con la que ganaría el néctar cotidiano. Se trataba de repetir con su propia voz templada todo lo que dijera el líder autoritario que, a través de una sucesora que él mismo eligió, buscaba perpetrar su poder. Greta Lozano aceptó y pronto se encontró utilizando sus destrezas, esta vez difundiendo mensajes de odio y división, aunque, claro, siempre hablando de los colores del arcoíris para decir que ella era una mariposa que merecía el respeto de todos. La última vez que se le vio, Greta revoloteaba sobre una pantalla como hacen los moscos atraídos por la luz. Yo creo que ella intentaba entrar desesperadamente al estudio porque había descubierto que su vida dependía de que fuera vista y adulada.

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