“La familia buitres”

La familia buitres era conocida por su apariencia única y su voracidad insaciable. Su pelaje ensortijado y crespo es como una melena salvaje, y su pico dibuja una sonrisa jactanciosa. Concéntremonos en dos hermanos.

Desde joven, Martí Buitre devoraba todo lo que se le ponía enfrente. Planeaba primero para ubicar a la presa, como hacen los de su especie que tienen mejor vista que olfato, sabiendo que debería pelear por ella con otros igual de rapaces. Luego, en las peleas era feroz dando picotazos y aleteos o hablando como loro mientras mostrándose como si fuera pavorreal.

El ave de cabeza negra se decía de izquierda, atea y antiautoritaria, es decir, demócrata, y así avanzó en las superficies áridas. Para comer siempre fue quien más ventaja sacó y nunca cedió para ocupar algún cargo que le permitiera figurar, aunque fuera carroña. Su panza tenía un agujero sin fondo, tanto que parecía que cuando fue polluelo mucha padeció hambre. Y siempre salía airoso. Uno de sus peores momentos después de su mocedad estudiantil fue cuando, en aras de ganar las simpatías del pueblo, dio a precio regalado litros de leche que no eran leche y además tenían residuos de excremento. Su glotonería, sin embargo, lo llevaría aún más lejos y su lengua acanalada probaría mejores manjares. Martí también era tramposo, se disfrazaba de águila para acercarse a sus presas o se escondía en el suelo para saltar sobre ellas. Un día encontró un valle lleno de animales enfermos y se dio un banquete al que invitó a los zopilotes que siempre le acompañaban…

La hermana Buitre era aún más voraz. En otra narración supimos las proezas por las que se le conoció como la “Licenciada Buitres”, título que, al igual que su hermano Martí, adquirió en un colegio de baja estofa. Baste decir que Elena Guadarrama pregonaba contra la gula empuñando la bandera de la austeridad sin que se supiera la causa de su sobrepeso. También supimos que en los días aciagos del ecosistema mexicano, ella se hizo ministra. Lo que entonces ignorábamos es que su equipo está integrado por 79 avechuchos que no cursaron carrera alguna o que su perfil no corresponde con el conocimiento requerido para una responsabilidad de tal envergadura. Glotona, la Licenciada Buitres camina como pingüino entre cacareos y graznidos distribuyendo casi cinco millones de pesos al mes a cargo del erario. Su hijo es un condor con aires de lechuza que pronto aprendió a vivir del erario, por lo que, además de las tretas que tienen los buitres para alimentarse, ingiere alitas de pollo, solicita la factura y también lo carga a los contribuyentes. El pequeñín tiene escuela.

Martí Buitres se rodea de comadrejas para que gorjeen aplaudiéndole o profiriendo insultos y amenzas a quienes advierten sobre su insaciable codicia, también otorga contratos a empresas de nula reputación y continúa con el ese estilo pendenciero que le ha dado un sitio que jamás imaginó entre la fauna de los bosques. Ya no es ateo sino católico, seguidor del líder de la luz del Mundo. Tampoco es de izquierda y menos demócrata. Las demarcaciones sobre las que vuela se las debe a su lealtad con el líder que se cree mesías y personifica al populismo autoritario. Esa es la infección que Martí Buitres contrajo al comer de aquellos animales. Su hermana padece el mismo mal aunque ahora ambos disfrutan del formidable festín que el destino y su falta de escrúpulos les ha dispuesto en la mesa, con cargo al erario. Incluso hay otros buitres, dos hermanas más y otro a quien le dicen Lara, el padre del condor de la Licenciada Buitres, que no comprenden tanta voracidad en ellos.

La gran ironía de todo esto es que el hermano mayor estará al frente de la salud de millones de vidas, y la hermana que camina como pingüino se encarga de la administración y procuración de justicia. Como ella misma dijera mostrando su estatura intelectual y académica, esto está de su reputísima madre.

Autor

Scroll al inicio