México cambió ayer, tras menos de siete meses en funciones, a su embajador en Washington, el cual había llegado después de que el puesto estuviera vacío casi un año. Ayer también fue designado un nuevo subsecretario de Relaciones Exteriores para América del Norte.
Sería deseable que estos nombramientos estén en una dinámica para mejorar unas relaciones bilaterales que son francamente mediocres.
El deterioro es de origen: la actual administración enhebró una alianza estratégica con China (principal antagonista político, ideológico y comercial de Washington), que justo en ese momento superaba a Estados Unidos como primera potencia económica mundial.
Y la primera visita de Estado al Presidente no fue del vecino Obama, sino del mandatario chino, Xi Jinping, del 4 al 6 de junio de 2013. Bueno, en rigor, la primera fue del premier de Nueva Zelandia, John Key… pero para este tema no cuenta.
¿Por qué el desatino? Porque se hicieron cuentas alegres: “China es un mercado de mil 344 millones de consumidores”. Se creyó que si obteníamos un dólar de cada chino tendríamos mil 344 millones de dólares. Pero nueve de cada diez chinos son pobres de remate.
Además: China es una dictadura comunista de partido único y no es confiable jurídicamente, prohíbe mediciones de organismos internacionales, comercia mercancía triangulada, pirata y fabricada en cárceles para disidentes y enfermos mentales.
Fue fallida la táctica, si el acercamiento estratégico fue una demostración de fuerza a Estados Unidos para advertirle que, en este sexenio, sus servicios de inteligencia no campearían por sus respetos, como durante el sexenio de Felipe Calderón.
El viraje provocó dos eventos económicos de inmenso calado en favor de China y en perjuicio de Estados Unidos, justo en sus narices geográficas:
—La empresa China Railway obtuvo la principal licitación del sexenio: el proyecto del tren DF-Querétaro, con una inversión de 43 mil 579 millones de pesos.
—Avanzó el proyecto Dragon Mart: megacomplejo comercial chino en el Caribe mexicano, que sería inicialmente operado por ocho mil ciudadanos chinos y cuya construcción se encontraba al 70 por ciento.
Ambos fueron suspendidos. Pero el daño estaba hecho porque el tren y Dragon Mart fueron considerados asuntos de seguridad nacional en Estados Unidos: una concesión inopinada de su principal aliado en el continente a su principal adversario en el mundo.
Ahora el embajador en Washington será Carlos Manuel Sada y el subsecretario para América del Norte, Paulo Carreño. Sada viene del servicio exterior, y Paulo es uno de nuestros funcionarios jóvenes más brillantes, formado, desde la cuna, en la última gran escuela política del priismo.
Pero no es un asunto de personas, sino de una decisión de Estado. ¿Se quiere elevar la relación bilateral a nivel estratégico?
Más vale que sí.
Este artículo fue publicado en La Razón el 06 de Abril de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página
