Insisto, sobre la tragedia de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, su secuestro, asesinato, y la desaparición de sus restos, se montaron vivales de todas clases y tallas. Organizaciones solidarias y fraternas, o grupos de operación política con membrete de Derechos Humanos. Nacionales e internacionales.
A los padres huérfanos de hijos los regentean, los utilizan, son fachada impecable por el dolor que transmiten, por los antecedentes históricos de Ayotzinapa y de Guerrero todo, por la sangre combativa y valiente que corre por sus venas.
Cuando los esfuerzos profesionales de la PGR dilucidaron la mal llamada verdad histórica, episodios culposos no resueltos y mal procesados en la memoria del Estado mexicano, le abrieron la puerta a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), para que a través de la coadyuvancia del Grupo de Expertos Independientes, la versión oficial fuera legitimada.
Desde la CIDH, el GIEI recibió incentivos ideológicos parciales, sesgados, los propios expertos llegaron con agendas definidas, la suma de los foráneos y las grillas internas, la permeabilidad política de grupos y colectivos regionales locales, y la mezcla con temas asociados a corrupción, fueron construyendo un escenario de desconfianza creciente, el desprestigio oficial como patente de corso para grillar, para lucrar.
El próximo 30 de abril el segundo periodo de colaboración del GIEI, pactado hace seis meses con todos sus integrantes, concluye. El gobierno federal ya no considera útil extender su presencia. La comunicación con la CIDH y el cumplimiento cabal de sus observaciones se mantiene firme, intacto. El GIEI debe rendir su informe final y retirarse.
Las grabaciones difundidas donde escuchamos a Vidulfo Rosales (Lord Ayotzinapa) expresarse de manera despectiva sobre los padres de los 43 de Ayotzinapa, ilustra la sospecha. Un movimiento montado sobre el dolor y la ignorancia ajena, carroña para vivales que despachan en Washington D.C. o en campamentos itinerantes, para fiscales colombianos que huyen de la justicia comprando fuero en la CIDH.
Lord Ayotzinapa acusa guerra, intentos de división. El discurso de la víctima, de su indiscreción y hartazgo, un victimario imprudente del movimiento creado no para encontrar la verdad, sino para hacer política en contra del Estado, no solo del gobierno.
Súmese una narrativa oficial insuficiente e ineficiente. La claridad de Roberto Campa, subsecretario de Gobernación que encabezó la representación mexicana ante la CIDH, no ha sido bien transmitida, no hay esfuerzos proporcionales de comunicación a las campañas de desprestigio y deslegitimación, no cuentan exhaustivamente todo lo investigado, todas las líneas seguidas y agotadas, todas las diligencias cumplimentadas.
El equipo presidencial está obligado a ser creativo, audaz, transparente sin violar secrecías propias de investigaciones judiciales o periciales, difundir más y mejor, cerrar los espacios a la consigna y a la propaganda. No puede resignarse a ser el eterno cohetero, al que se le chifla por si truena, o por si no.
Este artículo fue publicado en La Razón el 15 de Abril de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página
