Muchos se niegan a usar la palabra maximato para hablar del México contemporáneo. Unos porque siguen el guion obradorista y no pueden siquiera suponer que su ídolo tenga algún parecido con Plutarco Elías Calles (ni que ellos estén sirviendo a una estructura política similar a la callista). Otros deciden hablar de otra manera porque están confundidos sobre la palabra maximato y sus significados (en parte porque la Ciencia Política no tiene socializada una teoría empírica del maximato).
Pero maximato hay: el de AMLO. Eso que no hay es entendimiento suficiente sobre el maximato como problema político e histórico independiente de aquella palabra. Esto es que también hay irreflexividad y desactualización conceptuales sobre el fenómeno político, así como desinformación y reduccionismo históricos. No suele conocerse a detalle lo que fue el maximato de Calles pero, sabiéndose que existió tal cosa y que la etiqueta se usa en México por él, se suele creer que maximato sólo fue y sólo puede ser lo callista o algo idéntico. Ahí está el error, y es un error incapacitante. La solución pasa por no igualar el maximato a Calles y, en consecuencia, no reducir el maximato en general al callismo en particular.
¿Fue maximato un mando callista? Sí, no se exagera. Hubo un poder tras el trono, entre 1928 y 1934. Un verdadero poder político fáctico e individual por encima del poder presidencial constitucional. ¿Sólo eso de Calles es maximato? No. ¿Es el único caso? No. ¿Hay otros? ¿Pueºde haber otros? Puede haberlos y los hubo y los hay. Ya he mencionado algunos casos en otros textos, los repito: en República Dominicana, el de Rafael Leónidas Trujillo sobre los presidentes formales Héctor Bienvenido Trujillo y Joaquín Balaguer; en México, el de Porfirio Díaz sobre Juan N. Méndez y Manuel González, si hablamos de ejecutivos federales, o el de Félix Salgado Macedonio sobre su hija “la gobernadora”, si hablamos de ejecutivos locales. ¿Son casos idénticos? No. No es posible. ¿No tienen que ser idénticos al de Calles para ser maximatos? Tampoco. No es una necesidad. ¿Qué está pasando entonces, mentalmente? Se está confundiendo el origen de la palabra maximato con la posibilidad histórica nacional e internacional del problema. En el lenguaje, se está imposibilitando internacionalmente al maximato por la “nacionalidad” de una palabra, lo que es una arbitrariedad. Se están reduciendo un hecho esencial y un problema a la palabra misma. Es otro error. Lo de Calles es un caso, el caso que da nombre, si ocupamos la palabra maximato, pero no el caso único ni el que agota la esencia política, la cual puede existir en otros contextos formando otros casos –casos diferentes de lo mismo, especificidades de lo genérico.
Maximato como significado básico es una cosa genérica, lo es con o sin Calles, con o sin México, con variaciones en el contexto, con tipos: un individuo con poder de facto superior al poder de jure de un titular de poder ejecutivo, cuya diferencia coloca al primero detrás y al segundo delante. La paradoja es que el poder del de atrás –de atrás del trono- sale adelante mucho más frecuentemente que el otro. Hasta que por ciertas circunstancias aparecen uno o más agentes sociopolíticos que lo terminan, que cancelan la estructura y la situación de maximato.
¿Ya fue terminado en este México? No. Y evidencia existe… Evidencia de que hay maximato y de que el maximato de AMLO no ha terminado. Podemos poner como ejemplos el papel en Morena de “Andy”, príncipe del reino obradorista, pero también el muy reciente rechazo a la reforma “antinepotismo” para 2027 que propuso Claudia Sheinbaum. No sólo la rechazaron en el congreso obradorista porque va contra uno de los corazones vivos del obradorismo. La rechazaron y la modificaron, junto con el partido “verde”, los beneficiarios nepotistas de AMLO que además son conductos de la influencia de AMLO frente a Sheinbaum. Pudieron modificarla y la modificaron para ajustarla a sus intereses (2030), no a los de la presidenta legal, porque esos intereses se ajustan a los de AMLO y familia y nadie está obligado a obedecer sistemáticamente a la presidenta. No sería así en caso de que ella fuera la jefa máxima de su partido. Pero no lo es. El jefe máximo es, sigue siendo AMLO, ya sin la presidencia formal, y por tanto puede verse un maximato real. No un maximato idéntico al de Calles, no la simple copia o reproducción de todo lo que ocurrió como ocurrió durante el callismo, sino el maximato de AMLO con sus particularidades bajo las condiciones actuales del país y del obradorismo.
Si Sheinbaum fuera tanto la presidenta de México como la jefa máxima de Morena, es decir, si no hubiera maximato porque ella tuviera una presidencia al menos tan poderosa como la de AMLO, su propuesta “antinepotismo” no habría sido modificada. Y hay que recalcar, asimismo, dos hechos interiores. Uno, que la modificación no la encabezó la oposición; el cambio lo hizo, en contra del deseo de Sheinbaum, su partido, que es suyo porque ella pertenece a él y no porque él le pertenezca a ella. El partido sigue siendo de AMLO y la reforma obradorista a la propuesta de reforma de la presidenta lo demuestra. Nada tiene que ver la división de poderes. Tiene todo que ver la debilidad de Sheinbaum respecto a AMLO, un AMLO fuerte con sus aliados y representantes legislativos, aunque él no dé la cara. La reacción aparentemente claudista de Luisa María Alcalde, princesa del reino nepobradorista, tiene todas las huellas de la simulación y el doble o triple juego: hacer una reforma “antinepotismo” en los papeles del partido no sólo implica que sigue intacta la reforma congresional no claudista sino que ésta sería perfectamente utilizable para saltar la otra improvisada por Alcalde, si es que la concreta, por no empatar con la norma del orden jurídico nacional (los obradoristas no están con el Estado de Derecho pero son formalistas cuando más les conviene). El segundo hecho está relacionado: recuérdese que Morena y aliados no le movían ni una coma a las reformas enviadas por AMLO si de veras eran prioridades del presidente. En 2025 le movieron lo fundamental: la intención de Sheinbaum de quedar bien con el público y limitar a grupos que precisamente por nepotismo pueden extender su poder y que precisamente también son algunos de los grupos que extienden el poder de AMLO sobre Sheinbaum. Eso son Adán, Monreal y Salgado.
Sheinbaum acaba de ser derrotada en el congreso por una sola causa: el maximato. Porque el maximato de ÉL existe y porque ella hizo un pequeño e indirecto intento de reducirle los filos. No pudo reducir esos filos a causa del estado de los hilos: porque los hilos del mayor poder siguen estando en las manos de Andrés Manuel López Obrador. Hay que atreverse a hablar con realismo, para poder criticar mejor a los autoritarios, hipócritas y cínicos que forman el partido obradorista –no el claudismo aún.
Extra: la reforma contra la reelección legislativa consecutiva no es una innovación de Sheinbaum, ni históricamente ni democráticamente, y su aprobación no significa un gran poder suyo; es una reforma típicamente autoritaria, que ya se había hecho en México, durante otro proceso de centralización y autoritarismo, el encabezado por… Calles, en 1933, que llevaría a la hegemonía del PRI; por eso pueden aprobarla sin mayor problema los constructores autoritarios como grupo actual, sin dependencia de la presidenta: cualquier otro presidente obradorista podría haber hecho lo mismo, con todas las contradicciones incluidas… Hay ahí unas lógicas presidencialistas –una claudista y otra sólo obradorista- pero sobre todo una lógica autoritaria general, que es la que se impone. Lo veremos en otro artículo.

