Con campañas o sin ellas, a través de tiempos oficiales en medios concesionados o en conferencias de prensa en recintos legislativos para hacer propaganda partidista, el populismo es lo de hoy (en general, lo que toca a sociedades desinformadas, aunque se sientan muy conectadas).
Morena, el partido que amenaza en 2018 con terminar de arrebatarle la capital del país al PRD bajo la gerencia de Agustín Basave, ha pedido al INE y al órgano electoral local que le organicen al gobierno de la CDMX una consulta pública sobre el reglamento de tránsito.
La solicitud, lanzada por César Cravioto, coordinador moreno en la ALCDMX, y está fundamentada en el concepto jurídico de afirmativa ficta, es decir, como Miguel Ángel Mancera no ha contestado luego de 60 días naturales la petición de efectuar un plebiscito al respecto, que fue sustentada con 65 mil 284 firmas, da por hecho que el gobierno capitalino no se opone.
Lo mejor del caso es la exposición de motivos. No, no crea usted que se fundamenta en estudios urbanos sobre movilidad, uso de transportes públicos y privados, velocidades máximas, zonas especiales, transparencia en el manejo de multas a través de fotos y videos, de manejo de recursos, de corredores ciclistas y pasos peatonales.
El tema, dice Morena, es que el reglamento de tránsito es impopular. Bajo esa lógica es menester preguntar si el pago de impuestos será popular. Si cumplir con el predial, agua, servicios de limpia y recolección de basura resulta popular. Si los grandes proyectos de infraestructura urbana son los favoritos de los vecinos más próximos, los que aguantan la obra por meses o años.
El populismo quiere popularidad, quiere simpatías, agradar a la grada, el aplauso en la plaza por mandar al diablo a las instituciones y a todos los que, por su encargo y responsabilidad pública, asumen la impopularidad de sus decisiones.
Y que conste: el reglamento de tránsito es antipático, tiene áreas que generan dudas respecto a su eficiencia. Los carriles confinados para bicicletas en grandes avenidas lucen vacíos y los autos, aun con el Hoy no Circula recargado, se aprietan en los espacios sobrantes.
El rigor en la aplicación de las nuevas normas también deja dudas a la luz de camiones y motos en carriles centrales de Periférico. O de la impunidad de las placas borradas de los taxis del aeropuerto capitalino. O los retenes de polis cazando infractores mientras en nudos viales se ve a limpiavidrios haciéndola de agentes de tránsito por omisión. De ahí a imaginar consultas y plebiscitos por impopulares, hay un trecho largo.
En campaña la oferta de tonterías aumenta, la imaginación publicada crece, los problemas a notables de la política se les multiplican, a trasmano de ocultos patrocinadores que buscan la impopularidad ajena. Populismo a ritmo de jingles.
Este artículo fue publicado en La Razón el 22 de Abril de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página
