Los expertos se fueron sin prórroga, sin decir qué pasó en Iguala y Cocula con los jóvenes de Ayotzinapa. Combatieron vehementemente la verdad de Murillo Karam y Tomás Zerón.
Fueron incapaces de sugerir otra hipótesis. No intuyen, destruyen. Colectivo que vino a vender su aval, un certificado de credibilidad metagubernamental, nos quedó a deber.
Ante las presunciones sobre que el Estado-gobierno-autoridad o poder político cualquiera, miente, roba, destruye y obstruye todo, sin lógica ni interés de ganancias o pérdidas, los del GIEI se fueron con 2 millones de dólares y dejaron 22 recomendaciones y un agujero negro de más de 600 páginas.
Tuvieron acceso a las líneas de investigación sobre las cuales trabajó y trabaja la PGR. Saben mucho a pesar del bloqueo que, de últimas, denunciaron.
La descalificación sistemática la encontramos sin pagar en cualquier esquina, no hacía falta venir de lejos para hacer lo que, en calles, corrillos y colectivos anti, se hace a diario y gratis. Dolencias estructurales vergonzosas en derechos humanos y atención a víctimas nos aquejan desde antes.
El desinforme final por mandato, del GIEI, acusa tortura (17 casos) pero no pide su liberación; apunta descuidos al debido proceso, diligencias fantasmas, insensibilidad con la sociedad; niega la quema de 43 cuerpos en el basurero, pero tampoco dice si la mitad habría sido posible; que el quinto camión vive; al narco y a sus cárteles apenas toca, a policías y gobernantes corruptos sobrevuela.
Queda sugerido entonces, de nuevo, el Estado en abstracto cuidando a quién sabe quién y quién sabe para qué, como responsable de ocultar y distorsionar la verdad, esa verdad que cada uno imagina pero no comunica.
Un agujero negro es lo que nos queda, uno que engulle energía y masa, que desaparece todo y nos deja gravitando, clamando que los 43 regresen vivos, que forenses argentinos y austriacos los encuentren en otra dimensión, en la ciencia de la grilla sedienta siempre por saber lo que no pasó, no por saber qué ocurrió.
AMLO el conservador. Quien descubrió el agua tibia fue Jesús Ortega, el CEO del PRD, al declarar que López Obrador, su otrora dos veces candidatazo presidencial, es un conservador de clóset, incapaz de decir esta boca es mía en el tema de la mariguana.
Ortega Martínez, Chucho mayor, acusa al dueño de Morena de parecerse mucho al PRI.
Lástima que antes no vio que AMLO, el mismo de siempre, nunca se ha pronunciado en nada esencial del debate nacional, trátese de drogas, aborto, matrimonio gay, extradición de El Chapo Guzmán, el GIEI, o el Hoy No Circula, nada que no sea simplón. Diatriba y descalificación con gorgojo.
A ver si ahora el poderoso amarillo acepta que el conservadurismo de AMLO es y ha sido estrategia simple y eficiente. Así, camina a su tercera candidatura, sin despeinarse, sin pronunciarse ni comprometerse.
Este artículo fue publicado en La Razón el 26 de Abril de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página
