Elusivos se volvieron los principios en el PAN, a menos que se haya convertido al marxismo… de Groucho, con aquello de “éstos son mis principios, si no les gustan tengo otros”.
Ricardo Anaya dijo a El Universal que el PAN está abierto a aliarse con el PRD en 2018. Pero Cecilia Romero, quien integrará la Asamblea Constituyente, advirtió que el PAN estará contra el aborto.
¿Sabe Anaya que los estatutos del PAN relacionados con “Persona y libertad” reproducen la definición católica de la vida y la muerte? ¿Y que los del PRD “no intentan imponer una moral pública ni mucho menos sancionar la vida privada de las personas”?
Según el PAN, “la vida y la dignidad del ser humano deben protegerse y respetarse desde el momento de su concepción hasta su muerte natural… El derecho a la vida es inviolable. Nadie es dueño de la vida, ni de la muerte”. Es decir, Cecilia Romero es congruente al estar en contra del aborto.
En cambio, el dirigente nacional de su partido quiere aliarse para buscar la Presidencia de México con el partido que convirtió en ley en la CDMX la despenalización del aborto hasta la semana 12 de gestación.
El partido que, en sus estatutos, afirma que el respeto por la “libertad, autonomía y dignidad de las personas, sin importar género, edad, raza, orientación sexual, expresión e identidad sexogenérica o condición social”. O sea, defiende el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo.
Mientras que el PAN considera: “el embrión humano es persona, tiene derecho a la vida, a la identidad, a la protección por el Estado y la sociedad. No puede ser objeto de manipulación ni de las agresiones que conducen a su destrucción y eliminación”.
¿Qué dirá Anaya cuando los electores le exijan una definición sobre la interrupción del embarazo o sobre la eutanasia, temas en los que el PRD lleva la vanguardia nacional para conseguir una proyección moderna de las leyes en estos dos temas?
Si es lo suficientemente procaz, diría que él es marxista, al más puro estilo grouchiano: “Éstos son mis principios…” Siempre que el poder para Anaya valga mucho más que una misa de las que es afín su católico partido.
Está bien que la política sea el arte de lo posible, pero es lesiva para la sociedad la incongruencia de los partidos y de sus figuras cimeras, como en este caso la postura de Anaya de aliarse al PRD, y de Cecilia Romero de estar contra el aborto, derecho de la mujer que es bandera inexorable del PRD.
Entonces, Acción Nacional no tiene por qué cambiar sus principios. Más bien, debe modificar sus estatutos.
Ricardo Anaya debería empezar por ahí.
Este artículo fue publicado en La Razón el 27 de Abril de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página
