1. Entre los aliados de Morena están quienes, con un lenguaje de alto decibel y varios discos rayados, se sienten opositores cuando, en el mejor de los casos dan ternura y, en el peor, muestran limitaciones enormes. Dígalo sino el siguiente prontuario.
2. Llamarle “Titina” a la presidenta. Además del mote (que sólo conocen bien quienes nacieron finalizando los años 50) se encuentra implícita la afirmación de que Claudia Sheinbaum en estos momentos (en estos momentos insisto) sólo es marioneta de AMLO. El análisis (es un decir) simplifica dos factores: a) la incidencia del gobierno de EE.UU., b) el peso de los poderes internos dentro de Morena. En el primer caso está claro que, a diferencia de lo que decía AMLO, en México sí hay huachicol y sí se produce fentanilo. Decirle “Titina” a la presidente es menospreciar a los sectores sociales que disienten de su gobierno en aras de lanzar un mote “pegador” que, sin embargo, ha sido intrascendente (si es que aceptamos que las redes sociales son apenas una pequeña porción del ánimo social).
3. Ante cada evidente error del gobierno mexicano responder con un “Se les dijo”, “Disfruten lo votado” o simplemente “Disfruten”. El empleo de la frase es una renuncia a pensar para poner un disco como el de vinilo que terminan rayándose y repetir como loro lo que nadie escucha. Significa renunciar a cualquier canal de comunicación con el otro que, según esa “autoridad moral” simplemente es “pendejo” y no atiende ni entiende la realidad. Como si esa realidad no fuera también causa de la ineptitud del PAN y el PRI cuando ejercieron el poder.
4. Esos porros del lenguaje (que a la larga son cobardes porque eluden el intercambio razonado) le llaman “tibios” a quienes no emplean la mentada de madre como asiduo recursos. No nos confundamos, sí hay “tibios” dentro de la oposición, por ejemplo quienes ahora permanecen callados frente al connubio de personajes poderosos de la política con el crimen organizado (Adán Augusto y muchos más) o quienes frente a los ataques del gobierno creen que la mejor respuesta es el silencio o los que dijeron algo así como “Ya sé que la elección judicial es para acabar con la SCJN pero de todos modos ejerceré mi derecho al voto” (esos no sólo son tibios sino bobos aun con su donaire intelectual con la voz engolada). Pero una cosa es eso y otra lanzar ajos y cebollas contra “el enemigo” como sustituto de los planteamientos serios.
5. Esa forma estruendosa de creerse oposición llama la atención de cierto público que también es proclive a la mentada de madre y cree que la valentía consiste precisamente en eso, en mentarle la madre al enemigo, cuando en realidad termina siendo patiño del poder. Ese sector echa desmadre y todo, puede incluso hasta divertirse, pero no pasarán de ser los niños (y niñas) de atrás del salón que siempre terminan por reprobar porque nunca estudiaron en serio. Muy famosos, muy famosos, pero no pasan de ahí.
6. Creer (o decir que se cree porque lo que hacen también les representa negocio) que el populismo autoritario que se construyó ante nuestros ojos durante un largo proceso puede caer por alguna expectativa providencial: a) porque Trump así lo quiere, b) porque hay una lista de mafiosos que ya está en manos de la CIA y pronto estarán en Bahía de Cochinos o c) porque AMLO ya se enojó con Claudia. Lo que sea. Esos jilgueros ganan en visualizaciones y se creen muy listillos pero carecen de incidencia. Esa desesperación, por cierto, ha conducido a disparates como el de llamarle a Zedillo “hijo del 68” cuando ahora, el mismo doctor Cash ya se encuentra alejado (otra vez de la desgracia del populismo).
7. Mentir por sistema. La cosa más o menos reza a sí: “si ellos mienten (el gobierno y sus propagandistas), nosotros también. Y entonces inventan que AMLO está a punto de morir, que vive en Venezuela o en Cuba, todo ello edulcorado con frases del tipo “fuentes de alto nivel” para hacerse los interesantes. No importa que nunca den una. Importan las visualizaciones y, a veces, convertirse en peones del dueño de un tablero que, precisamente, los contrata porque son “influencer” y no tienen escrúpulos para mentir.
8. Miren la tontería: Claudia Sheinbaum reprende a Morenistas por sus viajes a Europa y esos sectores de la “oposición” de los que hablo hacen lo mismo con Mario Delgado, Yunes y Monreal, entre otros. Qué bonita alianza. Muchos de esos opositores también vacacionan en Europa y lo hicieron cuando algunos de ellos fueron funcionarios o favorecidos por el gobierno con grandes cantidades de dinero de publicidad. El tema, claro, es la hipocresía entre la vida franciscana y la vida de lujo que se dan. Pero ninguno de esos personajes, ni siquiera (el impresentable) Gerardo Fernández Noroña coincidieron con AMLO en esa prédica. Aquí lo importante son los recursos. La denuncia de la vida de reyes que se dan los Yunes luego de haberse aliado con Adán Augusto y Noroña para darle la puntilla al Poder Judicial de la Federación.
9. Los silencios sobre las cosas que sí importan. Por ejemplo, Ricardo Anaya y Alito Moreno nada han dicho sobre el escándalo de Adán Augusto.
10. ¿Lo han notado? Ninguno de esos personajes de ese tipo de “oposición” han hecho ninguna revelación periodística. En el fondo son corifeos y jamás arriesgan el pellejo. Por eso es que mientan madres como si de verdad fueran “Juan Camaney”.
11. Entre todas esas convulsiones hay una muy simpática porque con esa se sienten bien listillos. Ante cada cosa que pasa en el país dicen con un donaire similar al de Aristóteles que “es una cortina de humo” para que no atendamos lo importante. Si hay un acto de censura dicen “no te distraigas de lo importante o no les hagas el juego”, si hay una masacre arguyen (es un decir) lo mismo, se convierten en el asesor que todo lo sabe porque sabe que todo es cortina de humo.
12. El país se cae a pedazos y esos gritones de las gradas no hacen ni tantita autocrítica.
13. Esto es hermoso: “Marco, no los critiques, si ellos tienen a sus mafiosos, nosotros tenemos a los nuestros”. Chulada.
Esta columna llegó a ustedes por cortesía de “El hijo del 68”

