Embajador de la farsa

Genaro Lozano se va de vacaciones largas. Se va a Italia pagado por el gobierno de Claudia Sheinbaum. Viene al caso decirlo, la doctorada pero no científica Sheinbaum. Allá Lozano representará diplomáticamente lo que aquí representaba mediáticamente: un proceso de transformación autoritaria que se autocoloca un manto de pureza superficial con la mayor hipocresía en este siglo. Y vaya que la hipocresía se le da a Genaro, así que su nuevo trabajo como representante ahora oficial de un gobierno de simuladores e incompetentes será un trabajo fácil, muy bien pagado y que podrá disfrutar como si no hubiera rendición cuentas –que no hay.

Si en el congreso supieran qué es la rendición de cuentas y la practicaran, el senado no aprobaría los premios “diplomáticos” a grillos y grillas. Lozano ha completado su transformación en embajador como pago por su apoyo mediático y político al obradorismo, como confesó la misma Sheinbaum: “nos apoyó al final en mucho, de muchas maneras”. Eso es todo y ése es el problema.

¿Cuál es el mérito de Lozano para ser embajador? Ninguno. Ah, fue alumno en programas de “relaciones internacionales” y dice(n) que es experto en el área; eso dice Sheinbaum, quien tambaleándose por la misma línea defiende lo que sea, hasta darle otro premio laboral a Gatell basándose en que tiene un doctorado… Como si un papel académico borrara las muertes innecesarias de la pandemia –muertes que el título de Gatell no causó pero tampoco impidió-; como si el doctorado quitara lo pe… jista. Es el punto: son pejistas, obradoclaudistas, Lozano como Gatell, lo que basta para decidir a su favor. Para defender la mala decisión, y ya que no habla AMLO, desde el gobierno necesitan repetir y revolver las confusiones sobre el supuesto significado intrínseco de los títulos (los dichos de Sheinbaum son la manipulación de una consecuencia de décadas de confundir educación con graduación, por un lado, e investigación y análisis con paráfrasis industrial y opinión oportunista, por el otro). Así Lozano se transforma a sí mismo y es transformado por Sheinbaum en el experto que no es. ¿Experto sobre Italia? No. ¿Experto en la práctica diplomática? No. No es diplomático de carrera, de real carrera. Como sí lo fue el bachiller Octavio Paz. ¿Experto analíticamente sobre relaciones internacionales? Es simplemente un repetidor de verdaderos expertos y un opinador más. ¿Su gran aporte técnico e intelectual? Ninguno. Estrictamente, entonces, ¿experto en qué?

Lozano siempre ha sido un actor de “relaciones públicas”, es decir, de promoción de productos e intereses privados, con su parte de autopromoción y de tejido de relaciones políticas. Por relaciones políticas sale de viaje italiano para vivir “la buena vida” burocrática con cargo a un Estado que no quiere gastar en el sistema de salud público… ¿Su experiencia negociando para sí mismo le servirá como embajador? Digamos que no es igual la diplomacia internacional en circunstancias complejas que la grilla mediática y entre acomplejados cuates de partido en México. Quienes lo defienden también están haciendo “relaciones públicas”. Y quizá alguien suponga que eso es el progresismo de o para el muy agrandado Genaro, pero tampoco lo es.

El nuevo embajador de “México” en Italia es un chiste. Otro. Attolini es descarado y grotesco, Lozano es seco y taimado, pero es otro chiste. Uno muy malo. Un mediocre que siempre ha sido perversamente ambicioso y calculador. A las pruebas me remito: del movimiento “132” a Televisa. Del “132” a su presunta enemiga, y de ahí al poder obradorista y su nómina formal. Es todo lo que ha hecho y todo lo que es él. Habría que seguir suponiendo que esa bazofia, esa inmundicia, es la lozanía progresista, pero no lo es.

Lo más importante es un solo punto que remarco: pocas cosas son tan incongruentes –y tan reveladoras de una personalidad y un proyecto personal- como haber negociado y firmado contrato con Televisa desde el movimiento estudiantil que decía combatir a esa empresa –¡y cuando ese movimiento no había terminado!

He ahí al maestro Genaro Lozano. Resumido.

He ahí al nuevo embajador del nuevo autoritarismo mexicano en uno de los países más importantes de Europa.

Y como Genaro suele pretender que sólo se le critica por su sexualidad, añado: su sexualidad no me importa excepto para defender sus derechos, lo que él no hace con otros por conveniencia; su sexualidad no podría importarme menos si hablamos de criticarlo a él, no lo critico por eso; lo critico porque lo he leído y no tiene mayor valor y porque recibe una embajada sólo como pago por sus servicios principalmente mediáticos. Es un pago con exceso y sin justificación.

Extra: en el segundo volumen del libro Los farsantes de la 4T puede encontrar más de mi crítica al insufrible comentarista que hoy es embajador.

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