El Viaje al Oeste de Tsai

Tsai Ming Liang es el cine. Lee Kang Sheng la actuación. Tsai lo es con películas que carecen de trama. Lee con interpretaciones que no requieren la enunciación de un solo diálogo. Que una cinta carezca de historia y que la actuación no esté basada en pronunciar palabras va contra la norma de la mayoría del cine contemporáneo —incluyendo el de festivales y cinematecas— pues hasta los involucrados en su producción caen en el yerro de suponer que hacer cine sería contar “buenas” historias. En la práctica, muchas de esas tramas ni siquiera son significativas —ni por originalidad ni por referir a experiencias fundamentales—, peor aún: más que estar contadas con imágenes son como radionovelas que uno puede entender oyendo a los personajes. Pero alejarse de estas taras —enmudeciendo actores, eliminando argumentos intricados— no es suficiente para hacer otro tipo de cine, ni mucho menos para volver práctica artística la generación de material audiovisual. Desarrollar sensibilidad extrema, informada y crítica para llegar a ver filmes como Viaje al Oeste (2014) de Tsai implica saber por qué a veces estas omisiones cobran sentido.

Viaje al Oeste fue filmada en Marsella, Francia

Viaje al Oeste es parte de la serie de películas llamada El Caminante dirigidas por Tsai y protagonizadas o, mejor, interpretadas por Lee. Como tal, contar de qué se trata parece fácil, pues la serie entera podría describirse al decir que un hombre que parece monje budista camina de manera extraordinariamente lenta en algún lugar. Eso es todo, a primera y última vista. Pero no sólo los escenarios cambian para El Caminante (en este caso es la ciudad francesa de Marsella y hay un personaje adicional a cargo de Denis Lavant). Tampoco es cuestión de significado, aunque varias de las películas parezcan ofrecer una moraleja. En Viaje al Oeste un mensaje está cercanamente vinculado con lo que logra la obra en el público competente: un poema, al final, afirma en uno de sus versos: “Toda la existencia está condenada a ser vista”. Así, lo que parece natural, el ver —igual que el verso citado— se demuestra más complicado de lo que se supondría inicialmente porque ver no es fatalidad sino una opción que no siempre se ejerce o para la que no se han cultivado las facultades indispensables.

El actor Lee Kang Sheng realiza proezas de concentración e interpretación

Una de las pocas escenas que componen esta película de 56 minutos descubre el prodigio de la interpretación de Lee Kang Sheng. El Caminante desciende por las que probablemente sean escaleras de entrada a una estación del metro. El recorrido le toma 14 minutos efectivos en pantalla. El Caminante, como en cámara lenta, levanta cada pie, mueve su pierna, la posa en el siguiente escalón, así una y otra vez. La operación es tanto una hazaña de control y equilibrio físico, como de concentración, pues el personaje es observado y comentado por diferentes personas —múltiples voces, sin subtítulos, como murmullos— que pasan por esas escaleras haciendo su vida diaria. Destaca la atención instantánea y prolongada de una niña. Como en el resto de la cinta, los sonidos, cuidadosamente trabajados, cobran la mayor importancia. La cámara se mueve tan lentamente como el actor, captura desde un ángulo indescifrable la inclinación de las escaleras; la luz de la entrada ilumina apenas el interior, pero las siluetas brillan durante la peligrosa lentitud de El Caminante.

Viaje al Oeste es parte de la serie de películas llamada El caminante

La presencia de dos personajes puede sugerir alguna trama o, en realidad, avivar costumbres de los espectadores: cierto encuentro entre ellos, la revelación de alguna relación, el contraste de su respuesta ante la misma circunstancia… Una escena muestra a El Caminante frente a un café y pasos detrás, sincronizado, el personaje de Lavant, quien también se mueve excepcionalmente despacio. Esto lleva a algunos a imaginar que el segundo se ha vuelto discípulo del primero. Nada confirmaría la posibilidad, ni tampoco habría elementos para negarla. Los comensales —quizá por instrucción de Tsai— no revelan curiosidad hacia los personajes, pero otras personas rondan curiosas o dan rodeos artificiosos al saberse capturados por una cámara. El comentario desesperado de críticos y académicos se refugiaría en la multiculturalidad de la ciudad por los musulmanes en estas imágenes. Pero lo importante es algo distinto. No hace falta creerle al director, pero sus palabras algo indican sobre Viaje al Oeste. En su reciente estancia en México por la proyección de las cintas de El Caminante en la Cineteca Nacional —del miércoles 13 al martes 19 de agosto de 2025— Tsai Ming Liang aclaró que el vestuario del personaje no se corresponde con el de ninguna de las iglesias, ni los gestos manuales de El Caminante acuden al catálogo religioso del budismo —que él profesa— y asimismo la dinámica de su andar difiere de la práctica meditativa que se hace caminando. Las creaciones de Tsai no requieren de símbolos, pues no estamos frente a adivinanzas infantiles sino ante obras cinemáticas.

Cuando menos dos tomas desconciertan en Viaje al Oeste: un malecón parece cercado por un cielo rectangular y en otra —la final— una plaza, en que lo mismo pasa el tráfico a su orilla, una paloma picotea el suelo o un hombre crea enormes burbujas que entretienen a la gente, mientras vemos sus acciones de cabeza. En ambas escenas, el director recurrió a espejos, invitó a percibir lo ordinario de manera alterada. Asimismo, la luz juega un papel en la película, desde la que cubre las olas del inicio hasta la que crea un halo alrededor de El Caminante mientras baja las escaleras —en permanente contacto con la tierra— y la que descubre, con cambios sutiles, hasta el polvo en el ambiente. ¿Qué virtud hay en capturar alteraciones de la luz más allá de su diferencia con la iluminación constante de la mayoría del cine? El mérito está en la interacción, la relación que se crea entre la obra y el público apto que, incitado por Tsai, deambula por las imágenes, se pierde en sonidos elementales pero presentes: Viaje al Oeste y El Caminante valen por algo tan llano y fuera de lo común como hacer que alguien vea y oiga. Así de sencillo, elaborado y valioso.

Autor

Scroll al inicio