¿Sobrevivirá el Estado laico?

Una vez que se ha regenerado el hiper presidencialismo, la laicidad estatal enfrenta amenazas que podrían convertir el artículo 40 de la Constitución en simple letra muerta. El obradorato, que desde sus primeros años en el poder se reveló como infractor contumaz del Estado laico, continúa su desacato con una tanda de “bendiciones” y “limpias” de oficinas públicas que se acompañan de invocaciones a los dioses, sean estos de la religión católica, evangélica o azteca. Por el lado opositor, el extravío ha llevado al resurgimiento de iniciativas que pretenden “evitar el comunismo” a partir de postulados de ultra derecha y orientación religiosa.

En 2019 publiqué en Nexos un temprano recuento de los ataques al Estado laico que provenían de la cima del poder desde el mismo arribo del entonces nuevo grupo gobernante: constantes alusiones religiosas o pararreligiosas que López Obrador dispensaba desde su púlpito mañanero, actos religiosos impartidos por curas de la iglesia católica o por ministros evangélicos para “bendecir” oficinas públicas (y hasta ciudades enteras). Hasta Porfirio Muñoz Ledo (QEPD), entonces presidente del Congreso y militante morenista, proclamó que AMLO se había transfigurado en un iluminado por la divinidad y lo llamó “hijo laico de Dios”.

Seis años después continúa la costumbre de las bendiciones de los establecimientos gubernativos y de los propios gobernantes. Aunque tal parece que ya es moda encargarlas a profesantes de religiones ancestrales o chamanes, quienes hacen “limpias” de los inmuebles públicos y rezan junto a los funcionarios “para que los dioses los iluminen”. Desde que era corcholata y ya siendo Presidenta, Claudia Sheinbaum ha participado públicamente en cuando menos 10 ceremonias religiosas de este tipo, costumbre copiada piadosamente por alcaldes, diputados y burócratas de medio pelo o de alto nivel. 

Tan pronto como fue elegida presidenta del Senado, Laura Castillo se sometió a una “limpia” en la misma explanada del órgano legislativo. En otro caso reciente, el pasado 1º de septiembre en el Zócalo, Hugo Aguilar y demás ministros de la Tremenda Corte del Acordeón se hicieron “limpiar” por oficiantes y, para que no hubiera dudas del carácter religioso del evento, cada uno puso la mano sobre el corazón y rezó: ““Te pedimos que… caminemos por este gran poder del gran Quetzalcóatl…”.

Desde el flanco opositor algunos no se quedan atrás en eso de desconocer la laicidad estatal. El exactor de telenovelas y militante trumpista Eduardo Verástegui pretende formar el partido Viva México, un proyecto de corte Pro-Vida (antiabortista) que está contra la Agenda 2030 y tiene una clara orientación religiosa. En una reciente polémica sostenida a través de las redes sociales, Alessandra Rojo de la Vega, alcaldesa de Cuauhtémoc, Ciudad de México, se deslindó de ese movimiento señalando que “quien usa la religión para hacer política, traiciona la fe y a la patria al mismo tiempo. La Constitución es clara: México es una República laica (artículo 40). La fe es libre, pero las iglesias no hacen política (artículo 24). Punto Final”.

Un par de días después, el 18 de agosto, Rojo de la Vega recibió en las oficinas de la alcaldía al Consejo Nacional de Nueva Derecha, movimiento encabezado por el ex panista Raúl Tortolero. La agenda de esta organización es religiosa, homofóbica y combate la ideología de género, lo mismo que al “feminismo, indigenismo, eco-animalismo y supremacismo negro“, según rezan sus pronunciamientos. 

En la ocasión mencionada, pese a lo claridoso de su punto final con Verástegui, Rojo de la Vega se tomó de las manos con sus invitados y rezó con ellos en la Sala de Juntas de la alcaldía, evento religioso que ella misma publicitó.

Dada la defección de los componentes liberales de Morena, que pragmáticamente han validado las violaciones al laicismo de las instituciones públicas a cambio de migajas de poder, y ante embestidas como las mencionadas (provenientes tanto del grupo en el poder como de algunos de sus opositores), la suerte del Estado laico mexicano depende de que los sectores liberales, sin distingo de partidos, se manifiesten contra la imposición de cualquier religión oficial. Que retomen la bandera de separación de las iglesias y el Estado, que es la única manera de garantizar el derecho humano a la libertad de pensamiento.

Cincelada: El 31 de julio decretó que el programa “Bachetón” terminó con todos los baches. Un mes después, Brugada debió tragarse sus palabras y anunciar la repavimentación de 217 vías primarias.

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