El día de ayer, en radio pasillos diplomáticos mexicanos se comentaba con preocupación que la sucesión de Antonio Guterres al frente de la Secretaría General de Naciones Unidas, tenía, en la figura del argentino Rafael Grossi actual Director General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) al candidato más solido en el proceso que será decidido el próximo año. Esta noticia complejiza la muy anunciada candidatura de la mexicana Alicia Bárcena, ex canciller y actual secretaria del medio ambiente, al cargo. Bárcena, quien tiene el respaldo de la presidenta Claudia Sheinbaum y es vista favorablemente por países como Brasil -cuyo visto bueno siempre es importante-, tiene la tarea de convencer a los 193 miembros de Naciones Unidas, comenzando con el Grupo de América Latina y el Caribe (GRULAC) de que es la mejor opción. En ello importa mucho el lobby que realice Bárcena, el apoyo del gobierno mexicano, pero también, es justo reconocer, hay otras variables que no juegan a favor de esta tan anunciada candiatura.
Para empezar, la ausencia de la presidenta Sheinbaum en la 80ª Asamblea General de Naciones Unidas que se lleva a cabo actualmente en Nueva York, en la que Francia y Arabia Saudita han convocado a un debate general sobre el reconocimiento del Estado de Palestina genera una imagen de ambigüedad respecto a la postura del país. La presidenta dijo en la mañanera del 22 de septiembre que México fue el primer país en reconocer a la embajadra de Palestina con plenos derechos en México. Bien. Pero no es lo mismo decirlo en la mañanera que ante la Asamblea General de Naciones Unidas. La ausencia de la mandataria en este foro que conmemora además 80 años y refrenda su importancia para debatir temas tan espinosos como la guerra entre Rusia y Ucrania, las crisis en Medio Oriente, la problemática de Haiti -para hablar de un país del continente americano atribulado por la delincuencia organizada y de donde provienen muchas solicitudes de asilo y refugio en México-, es, para decir lo menos, lamentable.
De hecho, en el libro 80 años de la ONU: ¿qué debe cambiar? que esta autora tuvo el gusto de coordinar y coautorar y que fue publicado en agosto pasado, 24 académicos y diplomáticos de alto nivel plantean en la obra la importancia de reconocer el trabajo de la institución y, por supuesto, las tareas pendientes. Entre ellas una propuesta es impulsar a la Asamblea General, como se hizo en la Guerra Fría mediante la resolución unión pro paz a que desarrolle acciones para mantener la paz y la seguridad internacionales cuando el Consejo de Seguridad esté paralizado. La unión pro paz fue invocada en 2022 ante la invasión de Rusia a Ucrania y también recientemente para condenar las acciones de Israel contra Palestina. Asimismo, el despertar de la Asamblea General en estos momentos obedece a la opinión creciente de sus miembros, de que el Estado de Palestina debe ser reconocido, esto, entre otras razones, para evitar los crímenes de lesa humanidad que Tel Aviv perpetra especialmente en la Franja de Gaza y también para aislar al régimen de Netanyahu. Claro que esto dará más insumos al presidente de Estados Unidos paraa alegar que la ONU es ingrata y que aunque Washington contribuye con una parte sustancial al presupuesto de la institución, los países votan contra los intereses estadunidenses. Pero esto no es nuevo.
Regresando al tema de la sucesión en la Secretaría General, un punto en contra del argentino Grossi, estriba en que parece haber cada vez más consenso en que quien suceda a Antonio Guterres sea mujer y proceda de América Latina. Grossi cumple con el segundo criterio, no así con el primero, amén de que se han perfilado distinguidas féminas para contender por el cargo. Para empezar se tiene a Michelle Bachelet, ex mandataria de Chile y ex titular de ONU Mujeres entre otras responsabilidades. También figura la costarricense Rebeca Grynspan, actual secretaria general de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). La primera ministra de Barbados Mia Mottley, y la ex ministra de asuntos exteriores de Ecuador, María Fernanda Espinosa, son otros perfiles mencionados insistentemente. Fuera de América Latina es mencionada Jacinda Ardern, aunque en su contra opera el hecho de que su natal Nueva Zelanda se encuentra en el Grupo de Europa y justamente se busca que el o la siguiente secretario/a general no proceda de ese grupo, que ha sido dominante, con 4 de los 9 secretarios generales que ha tenido Naciones Unidas en su historia. Asimismo la nigeriana Amina Mohammed, actual sbsecretaria de Naciones Unidas, es considerada entre las posibles candidatas. Pero si bien hay una opinión favorable a elegir a una mujer por primera vez al frente de la Secretaría General, hay hombres que suspiran por el cargo como el propio Grossi -con todo y que la crisis con Irán y el tema de los inspectores del OIEA en ese país pueden dañar su candidatura-, el vicepresidente de Bolivia David Choquehuanca y el serbio Vuk Jeremić.
A continuación es necesario valorar las posibilidades reales de Alicia Bárcena. A su favor tiene el haber trabajado en Naciones Unidas con Kofi Annan -donde fungió como jefa de gabinete del secretario general- y en el inicio de la gestión de Ban Ki-moon -en que tuvo a su cargo tareas administrativas. Más tarde se trasladó a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) donde fungió como secretaria general de 2008 a 2022. Cuando regreso a México fue titular de relaciones exteriorres y ahora está a cargo de la cartera de medio ambiente. Es conocida por los miembros de Naciones Unidas y parece existir una opinión favorable a su persona en muchos países considerando su experiencia en temas ambientales pero también administrativos en el seno de la institución.
Sin embargo, el ausentismo de México en política exterior durante el gobierno precedente -aunque un poco menos en el actual, toda vez que la presidenta Sheinbaum sí ha acudido a algunos foros internacionales- está pasando factura a las candidaturas mexicanas a cargos en organismos internacionales. Se tiene el caso de Gloria Guevara, ex secretaria de turismo en el gobierno de Felipe Calderón, quien fue postulada por el presente gobierno para presidir ONU Turismo, organismo de Naciones Unidas asentado en Madrid, España. Guevara perdió la contienda frente a Shaikha Al Nowais, de Emiratos Árabes Unidos. Parte de la explicación al fracaso de esta candiatura estriba en que el cabildeo de México fue de último minuto, mientras que Emiratos Árabes Unidos hizo un portentoso lobby amparado en el impulso que el país ha dado al turismo. Asimismo, la tensa relación entre México y España hizo su parte para dificultarle las cosas a Guevera.
El siguiente caso es la candidatura de Gabriela Ramos para encabezar la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Si bien Ramos contaba con experiencia tanto en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la propia UNESCO, la candidatura del ex ministro de educación de Egipto, Khaled el Enany truncó las aspiraciones de la mexicana. En este caso, varios factres jugaron en contra de Ramos. Primero, la fragmentación del GRULAC -tema importante a propósito de la candidatura de Bárcena. Brasil, cuyo apoyo pesa y mucho, dio el espaldarazo al egipcio, no a la mexicana. Asimismo, en medio del proceso de presentación de candidaturas salió a relucir una investigación interna en la UNESCO contra Ramos aparentemente por acoso -laboral- que parece haber sido lapidario en sus aspiraciones. De hecho, el gobierno mexicano aunque manifestó su apoyo a Ramos, fue muy discreto. Al final, Ramos decidió retirar su candidatura.
Ciertamente México tuvo éxito al nominar a Juan Manuel Gómez Robledo como juez en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en 2024, además de que Socorro Flores fue electa como jueza en la Corte Penal Internacional (CPI), en 2021. Queda la sensación, sin embargo, de que se da un paso adelante y varios atrás en la presencia de mexicanas y mexicanos en organismos internacionales.
La presidenta Sheinbaum, a diferencia del caso de Gabriela Ramos, ha abrazado con entusiasmo la virtual candidatura de Alicia Bárcena a la Secretaría General de la ONU. Entre los obstáculos a superar figuran la fragmentación del GRULAC -aunque en este caso, Lula da Silva tiene en alta estima a Bárcena y muy posiblemente apoyaría su postulación-, la ruptura de relaciones diplomática con Ecuador -quien tiene a una candidata en potencia para el cargo-; el deterioro de las relaciones con Perú -donde la presidenta Sheinbaum recientemente fue designada persona non grata- y polarizaciones políticas que plantean un escenario difícil para una candidatura de consenso.
El siguiente obstáculo es la percepción, en Estados Unidos, de que Bárcena está muy a la izquierda en el espectro político. Ello obedece a que tanto en su gestión en la CEPAL como en pronunciamientos posteriores, Bárcena ha señalado que la influencia de la República Popular China (RP China) en América Latina es positiva. También ha tenido comentarios elogiosos hacia el gobierno de Venezuela. Evidentemente en Washington, con la confrontación comercial de Donald Trump con la RP China más la designación de Maduro como criminal por cuya captura se ofrece una conocida recompensa, lo que menos se desea es tener al frente de Naciones Unidas a alguien que exalte a países o regimenes “enemigos” de Estados Unidos.
Podría ocurrir, en el mejor de los escenarios, que la comunidad internacional decida “castigar” a Trump por lo agravios comerciales de esta y su pasada administración, eligiendo a Bárcena. Ocurrió en la Organización de los Estados Americanos (OEA) recientemente, cuando el “candidato de Trump”, el canciller paraguayo Rubén Ramírez perdio ante el candidato Albert Randim, también canciller, de Surinam. El detalle es que Randim se ha referido favorablemente en torno a la RP China, cosa que en Washington se ha buscado desmentir. Su designación como secretario general de la OEA ha sido interpretada como una suerte de castigo a EEUU por su trato despectivo e insultante a América Latina y el Caribe, no sólo por los aranceles, sino por las políticas migratorias de deportaciones masivas. Claro, Naciones Unidas no es la OEA.
Lo que es una realidad es que la ausencia de la presidenta Sheinbaum en la Asamblea General de la ONU el día de hoy, constituye un error táctico y debilita sensiblemente la candidatura de Bárcena. Aun asi, la moneda está en el aire. Además, quien suceda a Guterres no estará en un lecho de rosas y tendrá que hacer frente a conflictos internacionales devastadores, la quiebra financiera de la institución y los impactos de la transicion hegemónica entre Estados Unidos y la RP China. Será, como djo el primer secretario general de Naciones Unidas, el noruego Trygve Lie al renunciar, “el trabajo más imposible del mundo.”



