Mientras el gobierno presume obras sociales y programas que reparten dinero como si fueran piñata electoral, la Ciudad de México se hunde. Literalmente.
En cinco años, el presupuesto para renovar el drenaje cayó el 40%. ¿Y qué pasó? Pues lo que tenía que pasar: más inundaciones, más socavones, más casas dañadas. En Iztapalapa, en Tlalpan, en Gustavo A. Madero. Donde vive la gente que no sale en los spots.
En 2020 se destinaban más de 2 mil millones de pesos para infraestructura de drenaje. En 2025, apenas mil 244 millones. ¿Y qué creen? Los socavones se duplicaron. De 80 a 166 en un año. ¿Casualidad? No. Es abandono.
Las tuberías tienen más de 50 años. Son de concreto, rígidas, frágiles. Cuando llueve, el agua supera el 80% de la capacidad del sistema.
Se colapsa. Se rompe. Se inunda. Y como no hay mantenimiento ni desazolve, se acumulan gases, tapones, presión. Y otra vez: fugas, socavones, miedo.
Pero eso sí: el presupuesto sigue fluyendo… hacia programas que reparten dinero sin exigir resultados.
Las obras que se anuncian con bombo y platillo, pero que no resuelven lo que pasa bajo tierra. Obras que no se ven, no le invierten, requieren obras que se vean, que les den el lucimiento personal…
¿Y el futuro económico del país? Bien gracias. Una gigantesca deuda a pagar, un plan de gobierno austero porque los dineros no dan.
Aquí se gasta para sostener el aplauso, no para construir soluciones.
Porque el drenaje no da votos. Pero sí mucha vergüenza.


