A falta de aplausos del respetable –que lo califica como el peor de los gobernadores de todo el país– y como si alabanza en boca propia no fuera vituperio, el gobernador Javier May presume supuestos logros y un buen manejo presupuestal como parte de la propaganda en torno a su Primer Informe.
Así son los populistas: actúan como si fueran los dueños absolutos del dinero público para repartirlo entre su clientela electoral y, con ese respaldo garantizado, se dedican a una única cosa, la autocomplacencia. Como si todo marchara de maravilla.
El país y el estado pueden estarse cayendo a pedazos, la inseguridad desangrando regiones enteras y el desempleo galopando a lo ancho y largo del país, pero todo eso no preocupa a los gobernantes de #Morena que, en apenas siete años, achicaron el país al entorno donde se sienten cómodos.
Por eso su zona de confort es la mañanera de Palacio Nacional, del mismo modo que las giras del ex director del Tren Maya, ahora mandatario estatal, consisten en llevar bodas colectivas y cortes de cabello gratis a las comunidades que votan por la 4T.
En lugar de atender lo que ocurre en los estados, en la seguridad, en la economía, incluso en la tan fundamental relación con el vecino del Norte, los morenistas en el poder cerraron los ojos a la realidad, y se dedican a gobernar sólo para sus seguidores. López Obrador y ahora Sheinbaum les hablan a ellos y gobiernan sólo para ellos.
En #Tabasco –de donde surgió el ADN mitocondrial del proyecto que se ha dedicado a destruir la república– las cosas no podían ser distintas. Son, de hecho, incluso mucho peores.
May ha lanzado en estos días una gran ofensiva de propaganda con motivo del Informe por el primer año de su administración, documento que con todo y que tiene una amplísima mayoría en el Congreso local, no va a entregar personalmente el próximo 11 de noviembre, pues modificó la Constitución porque si a algo temen los populistas y los autoritarios, son a las protestas. Y saben que los motivos sobran.
Dice May que su gobierno escribe una nueva historia y en eso tiene razón. Nunca habíamos estado los tabasqueños en una situación de crisis económica tan grave como la que vivimos, mientras el gobierno está dedicado a mantener su cada vez más reducida base social porque les aterra perder la elección del 2027.
Estos son algunos de los datos duros que no van a aparecer en el Informe local, resultado de tres gobiernos afines al “movimiento democrático” que dirige los destinos del país:
La economía del estado ha tenido por segundo trimestre consecutivo un desempeño negativo (-6.8%), lo que significa que estamos en recesión.
En el primer año de May se perdieron 19 mil 051 empleos formales.
No es algo menor, significa que mensualmente, mil 587 familias se quedaron sin ingresos, sin seguridad social, sin servicios médicos del IMSS. Imagine usted el drama: 53 jefes trabajadores llegaron a sus casas, todos los días, con la mala noticia que habían sido despedidos.
¿Y qué hace el gobernador para hacer frente a este reto? Aunque parezca increíble, presume que creó con dinero estatal sus propios programas sociales, a imagen y semejanza de los federales, con los que dice estar “creando” los empleos que la iniciativa privada no está generando porque no ve las condiciones propicias en el estado.
El gobierno no es empleador, y una ayuda social por un período de tiempo no es un empleo productivo, pero los populistas tabasqueños se la pasan diciéndole a sus beneficiarios y potenciales electores, que si cierran restaurantes, si quiebran empresas por los adeudos de Pemex, para eso están los apoyos:
Cinco mil pesos mensuales por sembrar arbolitos, 6 mil 500 por “sembrar peces”, 5 mil por “ser emprendedora” o 2,500 pesos simplemente por ser hombre y tener entre 62 y 64 años de edad.
En esta lógica de simplificar problemas graves, la “reactivación económica” se reduce a repartir dinero. Y las “ferias del empleo” ya no ofrecen plazas en la incipiente industrial local o en el comercio cada vez más golpeado por la falta de clientes, sino enlistamientos en la Marina.
Lo mismo ocurre en materia de seguridad. Con la propaganda y la manipulación de cifras por delante, el gobierno tabasqueño ha pretendido hacerle creer a los propios habitantes del estado que la violencia ha cedido y que hay menos ejecutados que antes.
Falso. Revisando las cifras oficiales, que ocultan en promedio un 30% de homicidios dolosos reportados en redes sociales, uno se puede dar cuenta que más que una victoria pírrica, lo que presumen May y Sheinbaum sobre Tabasco es el fracaso de la política de seguridad.
Estas son las cifras que ni ellos pueden ocultar: entre enero y septiembre del 2024 se reportaron 639 homicidios dolosos, mientras que en el mismo período de este año van 610, un decremento de la violencia de apenas 4.5por ciento.
May se sacó el gran premio de la lotería de la vida al llegar al gobierno de Tabasco sin preparación formal, y sin más mérito que ser parte del círculo de fundamentalistas que creen en el modelo de país que se construye con la visión setentera del siglo pasado, del ex presidente López Obrador.
Por eso no entiende que se necesita más que regalar el dinero público para que el estado pueda de nuevo tener cifras económicas de crecimiento y de desarrollo.
Aunque no hay que perder de vista: los morenistas son políticos con p de perversos que saben, como lo sabe y les enseñó muy bien el expresidente, que para sus fines el mejor mexicano y el mejor tabasqueño, es el mexicano y el tabasqueño pobre, necesitado, jodido.
Esa es la tarea de Javier May: impedir que haya ciudadanos libres, independientes, y multiplicar el número de tabasqueños gobierno-dependientes.

