El 1 de junio de 1986, fue inaugurado el Mundial de Fútbol con el partido entre Italia y Bulgaria. Durante la ceremonia de inauguración hubo un vigoroso abucheo contra el presidente MMH porque él heredó el desastre que dejó el populismo de López Portillo y porque aún estaba en la memoria el pésimo manejo del gobierno federal frente los terremotos del año anterior. El 19 de septiembre de 1985 ocurrió un terremoto devastador que rebasó al gobierno y que incentivó a amplios sectores de la sociedad para actuar con prontitud y solidaridad.
El descontento era enorme y, un año después, detonó el movimiento estudiantil del CEU, en el que concurrimos miles de estudiantes que le habíamos gritado a Miguel de la Madrid Hurtado que dejara de esconder a los muertos del sismo y que atendiera a los grupos vulnerables. Una frase en boga era “¡No queremos goles, queremos frijoles!”.
Entre aquellos estudiantes se encontraban Carlos Imaz, Imanol Ordorika y Carlos Santos, también Claudia Sheinbaum, una de las pocas mujeres que aún no eran feministas y que se destacó como organizadora del movimiento.
MMH sonreía atónito frente a las mentadas de madre de cerca de 100 mil gargantas. Le costaba trabajo creer que él, su partido y los grandes medios de comunicación estaban siendo rebasados por un alud inconcebible de inconformidad (una inconformidad que ya no se detendría, como consta en las movilizaciones de 1988 contra el fraude electoral y los gritos de cientos de miles contra Manuel Bartlett, entre ellos los de Claudia Sheinbaum, por su operación en aquel fraude).
La actual presidenta sabe del hartazgo social que se ha extendido en todo el país y no va a arriesgarse a un chiflido multitudinario (imaginen su rostro hierático junto a la espléndida y natural sonrisa de su esposo en el momento mismo en el que le mientan su madre).
Por dos razones, hoy Claudia Sheinbaum habló de fútbol (al que de joven se refirió como el opio del pueblo). Como un distractor frente a los agravios sociales y para notificar que su boleto lo obsequiará a una niña para que realice su sueño de ir al estadio, cuando todos sabemos que la presidenta podría hacer las dos cosas. Pero no, ella no quiere estar en el estadio. Ella festejó las mentadas de madre (como yo) contra MMH y ahora, claro, no está dispuesta a que le zumben los oídos.

