El 15 de noviembre marcó un momento de expresión ciudadana juvenil frente a la represión. Miles de jóvenes salieron a las calles con un mensaje claro: “no nos van a apagar”. Sin embargo, en los días posteriores, figuras políticas de larga trayectoria han intentado colocarse en el centro de esta narrativa.
El grupo denominado SomosImpactoMx, integrado por jóvenes de clase alta, convocó a una conferencia de prensa este 18 de noviembre a las 12:00 del día en sus oficinas de Río Becerra #26, Colonia San Pedro de los Pinos, Ciudad de México. Aunque se presentarán como voz ciudadana, compartirán escenario con Emilio Álvarez Icaza, Fernando Belaunzarán y Guadalupe Acosta Naranjo, así como los miembros de este incipiente grupo denominado SomosImpactosMx y políticos que han ocupado cargos y reflectores durante décadas.
La incongruencia es evidente: mientras los jóvenes denuncian miedo, golpes y desaparición forzada tras la marcha del 15N, los políticos aparecen como protagonistas de la protesta. La apropiación simbólica se refuerza con hashtags como #SomosImpacto y #NarcoEstado, que buscan capitalizar la indignación juvenil para fines ajenos a la experiencia directa de quienes fueron reprimidos.
La disputa por las cifras de asistencia —17 mil según el oficialismo, más de un millón según opositores— muestra cómo la protesta se convierte en terreno de manipulación política. Pero detrás de los números y los discursos, lo que permanece es la dignidad de los jóvenes que enfrentaron la represión y que hoy reclaman voz propia.
La protesta del 15N no fue un berrinche, como algunos intentan descalificarla. Fue un mensaje ciudadano. Ahora bien, el exhibir la presencia de viejos actores políticos en este escenario no es un ataque personal: es un recordatorio de que la voz auténtica está en los jóvenes, no en quienes buscan reflectores.
Lo que está en juego no es la presencia de un político más en una conferencia, sino la legitimidad de un movimiento que nació de la indignación juvenil frente a la represión. Emilio Álvarez Icaza y su grupo SomosImpactoMx pretenden colocarse como portavoces de una generación que no les reconoce, que no les debe nada y que no necesita tutores para hablar con claridad. Su estrategia es vieja: disfrazar de acompañamiento lo que en realidad es protagonismo, convertir la protesta en escenario y la voz ciudadana en plataforma personal.
Pero la memoria social no se engaña. Los jóvenes que marcharon el 15N lo hicieron con miedo, con dignidad y con la certeza de que su voz debía escucharse. No lo hicieron para que viejos actores políticos se colaran en la narrativa y capitalizaran el dolor ajeno. Exhibir esta apropiación es necesario porque detrás de cada discurso oportunista hay un intento de borrar la autenticidad de quienes arriesgaron su cuerpo y su libertad.
El mensaje es claro: la protesta no necesita padrinos ni salvadores. La voz juvenil no se alquila ni se presta a intereses personales. Y cada intento de apropiación, como el de Álvarez Icaza y su grupo, debe ser señalado con firmeza para que quede constancia de que la ciudadanía no se deja manipular. El 15N fue un mensaje, no un berrinche, y quienes hoy intentan colarse en ese mensaje quedarán exhibidos como lo que son: oportunistas que buscan reflectores en una lucha que no les pertenece.


