Cancillerías en bancarrota

El mundo de la diplomacia es percibido por el común de las personas como glamoroso, fatuo, donde los diplomáticos son vestidos por Dior, Versace o alguna otra marca de diseñadores de renombre, consumen sofisticadas bebidas y bocadillos exóticos y viven en lugares donde disfrutan de la vida sin mayores preocupaciones. La realidad, sin embargo, es muy distinta.

En un mundo tan conflictivo con enormes prioridades en materia de seguridad -sobre todo en su acepción militarista-, pero también económica y social, los recortes a las partidas presupuestales destinadas a la actividad diplomática no corresponden con las necesidades que demanda la agenda global. La atención a refugiados, la gestión de las crisis ambientales, de las hambrunas, la respuesta a desastres y fenómenos naturales devastadores, el surgimiento o resurgimiento de epidemias y pandemias, la lucha por lograr la equidad de género, entre otros temas, demandan que los profesionales de la diplomacia sean versátiles y que desarrollen tareas cada vez más demandantes y diversas con recursos financieros escasos y salarios depreciados. Se trata de hacer menos con menos.

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En la administración pública mexicana, el caso de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) ilustra lo expuesto. Para el presente año, el presupuesto de la cancillería es de aproximadamente 9 294 millones de pesos, lo que representa una reducción del 10. 8 por ciento cuando se le compara con el presupuesto asignado en 2024. Esta reducción impactó especialmente a programas clave como el de “Atención, protección, servicios y asistencia consular”, con un recorte del 9 8 por ciento en su presupuesto, cosa que parece un contra sentido, considerando las políticas migratorias punitivas del presidente estadunidense Donald Trump, mismas que han exacerbado las deportaciones y violentado los derechos humanos de miles de connacionales que se encuentran en el vecino país del norte y que demandan asistencia consular. Por cierto, que el programa “Atención, protección, servicios y asistencia consular” tiene el presupuesto más bajo desde 2018. ¿La razón? La tan llevada y traída austeridad republicana y la existencia de otras prioridades que demandan atención “urgente”, entre ellas, por supuesto, los programas sociales. Es verdad que la base recaudatoria es baja en el país, si bien durante la administración de López Obrador aumento. A pesar de ello, resulta insuficiente para financiar programas sociales que cada vez abarcan a más sectores de la población. En el terreno consular, se argumenta además que los consulados generan ingresos propios por los servicios que ofrecen, pero, aun así, dada la magnitud del desafío migratorio, no parece que sea la mejor decisión hacer recortes y más recortes.

Gráfico 1

Salarios del personal diplomático de México medidos en función a indicadores de nivel de vida y poder adquisitivo en los países en que laboran

 

Nota: para la medición de salarios del Servicio Exterior mexicano se utilizan indicadores del nivel de vida del país en el que laboran. En azul se tiene el índice Big Mac, en amarillo el poder adquisitivo y en azul el índice Mercer.

Fuente: Secretaría de Relaciones Exteriores. Cifras correspondientes a 2019.

Las cancillerías son cruciales para los países. Sus responsabilidades diplomáticas permiten a los Estados interactuar con sus contrapartes y hacer frente a los desafíos globales y gestionar la agenda de seguridad internacional. Son los ojos y oídos de los países en el mundo, además de que cumplen funciones de protección a los connacionales, de promoción de la imagen país, de diplomacia pública, de impulso a los negocios y el comercio y otras responsabilidades. Con todo, la importancia que reciben los ministerios de asuntos exteriores en el planeta varía de país a país. Por ejemplo, en Estados Unidos, el Departamento de Estado, resulta crucial para los objetivos de política exterior de esa nación, que, si bien dependen mucho del estilo y prioridades del titular del poder ejecutivo, es un cargo muy empoderado. El titular del Departamento de Estado, actualmente Marco Rubio, es el número cuatro en la línea de sucesión presidencial detrás del vicepresidente, del speaker de la Cámara de Representantes y del presidente pro tempore del Senado.

Gráfico 2

Fuente: Diplomatic Salary Report 2025.

En otros casos la gestión de la política exterior es ejercida directamente por los jefes de Estado y/o de gobierno, lo que, de nuevo, revela la trascendencia de esta cartera en la administración pública. Pero en México, la cancillería no sólo no es la principal o una de las principales dependencias de la administración pública, sino que sus tareas se encuentran fraccionadas y gestionadas en otras tantas secretarías como la de medio ambiente, economía, salud, la procuraduría, las fuerzas armadas y gobernación. Si bien la lógica marca que la cancillería debería ser el orquestador de la política exterior, en la práctica cada agenda citada es manejada de manera independiente por los respectivos titulares sin que necesariamente haya una concertación con la Secretaría de Relaciones Exteriores.

A pesar de ello es alentador observar que en los concursos de ingreso al Servicio Exterior mexicano hay una gran demanda, lo que revela interés tanto de las nuevas generaciones como de otras más longevas, por trabajar en dicha dependencia. Para ellos, el que muchos cargos diplomáticos sean asignados a personas sin experiencia en las lides de la política exterior debido especialmente a compromisos políticos, no es algo que inhiba sus aspiraciones. Es cierto que algunos postulantes tienen una imagen irreal del trabajo que desarrolla la Secretaría de Relaciones Exteriores, en particular, en materia consular y que desconocen programas y agendas que lleva a cabo esta dependencia en México, no sólo en el mundo. Con todo, mediante los concursos se logra desarrollar una evaluación de los postulantes, buscando que los mejores engrosen las filas de un Servicio Exterior profesional de carrera.

Además de los inconvenientes señalados hay otro que no es tan conocido pero que es grave: el de los salarios. En el terreno salarial México es uno de los países donde los diplomáticos reciben las remuneraciones más bajas, sólo superado por Indonesia y (¡sorpresa!) la República Popular China (RP China). El tabulador en México no ha sido ajustado desde 1998, cuando Rosario Green era canciller. Han pasado 27 años desde entonces, con numerosas presiones inflacionarias de por medio y los salarios se han mantenido sin cambio, pese a su depreciación real de cara al aumento en el costo de vida tanto dentro como fuera del país. Imagine el lector lo que es para los diplomáticos mexicanos trabajar en lugares de alto nivel de vida como Estocolmo, Viena, Ginebra, París, Roma, Madrid, Londres o Tokio con el mismo salario que existía en 1998. Si bien las administraciones gubernamentales sucesivas en lo que va del siglo en México, han prometido revisar las remuneraciones del personal de la cancillería, no se ha avanzado en esta materia.

Como es sabido mediante diversas pruebas, incluso psicológicas en los concursos de ingreso al Servicio Exterior mexicano se busca evitar que los recién ingresados a responsabilidades diplomáticas o consulares deserten, la realidad es que es muy difícil tener a the best and the brightest trabajando en la cancillería cuando los salarios están tan castigados. Y para muchas personas que tienen décadas trabajando en la Secretaría de Relaciones Exteriores los caminos parecen limitarse a la resignación o renunciar e irse a buscar chamba a otro lugar. Ello constituye una pérdida de recursos humanos altamente calificados que repercute en la profesionalización del Servicio Exterior. Porque la falta de motivación -en la que están incluidas las percepciones salariales- también es motivo de deserción. Con todo, las personas que se mantienen en la Secretaría de Relaciones Exteriores merecen todo el reconocimiento porque pese a esas condiciones realizan su trabajo con profesionalismo. Lo ideal, por supuesto, sería que se produjeran ajustes salariales como acontece en otras naciones.

Por ejemplo, a pesar de todo lo que está ocurriendo con la administración pública en Estados Unidos, ese es el país, como se aprecia en el gráfico anexo donde se tienen las percepciones salariales más altas en el Departamento de Estado. Pero quizá lo más escandaloso es que un país latinoamericano con el que México es comparado con mucha frecuencia, Brasil, tiene salarios muy por encima de los de varios países desarrollados y se encuentra en la lista de naciones analizadas en el Diplomatic Salary Report de 2025 solamente por debajo de EEUU y por arriba de Japón, Francia, Alemania, Reino Unido e Italia. Incluso un país latinoamericano que arrastra una crisis casi sistémica como Argentina, paga mejor a sus diplomáticos que México.

Es deseable que esta situación cambie para bien. La política exterior es fundamental para la seguridad nacional, para brindar asistencia a los connacionales donde se encuentren, para la cooperación y para la gestión de múltiples agendas que, contrario a lo que se podría suponer, repercuten en el día a día de la sociedad mexicana. Pensar que la política exterior es una reminiscencia de la política interna es un error. La política exterior debe construirse, actualizarse, nutrirse, financiarse y gestionarse en su justa dimensión y sobre debe ser conducida por profesionales, quienes, por otra parte, tendrían que recibir remuneraciones de acuerdo con la complejidad del trabajo que efectúan y en atención a su condición de servicio civil de carrera.

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