La (co)presidenta decidió defender una vez más a Manuel Bartlett. Cometió el mismo error una vez más. Me da la oportunidad de resumir nuevamente la historia de uno de los priistas perfectos, una historia muy poco conocida –por defensores y críticos- en sus periodos pre88 y 1989-99.
Manuel Bartlett Díaz es hijo biológico de un gobernador de Tabasco y ministro de la Suprema Corte. Manuel Bartlett Bautista dejó de ser gobernador tabasqueño por conflictos estudiantiles y grillas entre autoritarios; fue ministro cuando el poder judicial estaba sometido al Ejecutivo y era otro espacio en el que actuaba la agencia de colocaciones PRI.
Bartlett chico también fue ahijado político de cacique. Javier Rojo Gómez fue uno de los dos fundadores y líderes máximos del grupo que por décadas controló caciquilmente el estado de Hidalgo (el otro fue un militar, Alfonso Corona del Rosal). Cuando Rojo Gómez, amigo del papá Bartlett, fue líder de la Confederación Nacional Campesina priista, le puso un primer escalón al junior. Eran los años sesenta del siglo pasado. Y era el cinismo: Bartlett campesino… Ni venía del campo ni vivía en el campo ni sabía nada sobre el campo. Bartlett empezó y creció en su carrera política por el juniorismo, el nepotismo –que en el Estado es corrupción- y el autoritarismo hegemónico.
Esas tres perspectivas prácticas las aplicó sobre generaciones posteriores. Bartlett Díaz es formador de políticos autoritarios y corruptos. Su alumno más famoso es “precioso”…
Es el padre político de Mario Plutarco “el góber precioso” Marín Torres. Como gobernador de Puebla, Bartlett elevó a Marín a la secretaría de Gobernación y a la presidencia del comité estatal del PRI. El otro padre político del conocido violador de derechos humanos es Guillermo Pacheco Pulido, pseudojurista millonario al amparo gubernamental y emblema de la politización y partidización priistas del poder judicial poblano –una de las causas del caso Lydia Cacho, durante el cual Pacheco era presidente del tribunal superior de justicia sometido al gobernador Marín.
En cuanto al juniorismo y nepotismo de nueva generación, hay que recordar que don Bartlett es:
Padre biológico de León Bartlett Álvarez, empresario contratista del Estado que si no fuera hijo de Bartlett Díaz no habría tenido ni el capital base ni las relaciones y oportunidades políticas para obtener los contratos gubernamentales que ha obtenido.
También es tío político, dos veces, de Rodrigo Abdala. Éste es sobrino de la pareja de Bartlett, Julia Abdala. Junior de rebote, Rodrigo fue “superdelegado” de los programas de AMLO en Puebla el sexenio pasado, sin tener ningún mérito de ningún tipo, ni carrera política amplia siquiera; recibió la posición sólo por ser sobrino de Bartlett. Por cierto, la tía, es decir, la pareja del ex director de CFE ha sido frecuentemente presentada por Jorge Zepeda Patterson de manera falaz: nadie en Puebla la conoce como empresaria exitosa y notablemente rica antes de su relación con el político dinosáurico; no la conocemos así porque Zepeda miente.
Otros datos que ignora Sheinbaum son que don Manuel fue amigo político del neoliberalismo y de Carlos Salinas de Gortari.
De 1982 a 1988 fue secretario de Gobernación de Miguel de la Madrid, el presidente que inició el proyecto económico neoliberal. La actual titular formal del Ejecutivo está entre quienes insisten en hablar de Bartlett como político antineoliberal, como si lo fuera inherente y auténticamente, pero entre 1982 y 1992 el señor no tuvo ningún problema con los neoliberales en el poder (De la Madrid y Salinas). Era su colaborador. Y en primeras líneas. Sin duda, no podía ser secretario de Gobernación delamadridista si estaba contra el presidente y el neoliberalismo incipiente. No lo estaba. Bartlett era/es autoritario, pragmático y simulador. En ese momento no necesitaba simular estar contra lo neoliberal y fue, de hecho, el responsable de crear y sostener las condiciones políticas para el inicio del giro económico (y para ralentizar la transición democrática a la que siempre se ha opuesto: lo que no ganaba la transición, lo conservaba y ejercían el Ejecutivo y el PRI de sus amores e intereses). Ese giro económico se profundizaría en el sexenio de Salinas, quien –como otros- siempre ha negado ser neoliberal y hasta llegó a afirmar que era de izquierda. Salinas llegó al poder con la ayuda antidemocrática de Bartlett. Pero la relación de ambos no se reduce al fraude del 88. Va más allá de esa colaboración específica que no implicó una negociación entre enemigos.
Bartlett y Salinas fueron los colaboradores principales de Miguel de la Madrid antes de que alcanzara la presidencia, esto es, cuando era secretario de Programación y Presupuesto federal, en el sexenio de José López Portillo; Bartlett era el asesor político y Salinas el económico; por eso, después, colocó a Bartlett en Gobernación y a Salinas en la secretaría que él (De la Madrid) ocupaba. Por eso y por ser hijos de la élite priista, Manuel y Carlos fueron dos políticos jóvenes que se conocieron, trataron y colaboraron mucho antes de 1988. Dicho coloquialmente, se llevaban bien. Tenían una especie de amistad política y sirvieron armónicamente a De la Madrid. Así fueron colaboradores en el órgano priista llamado IEPES. La colaboración siguió, llegó el 88 y luego el presidente Salinas dio la bienvenida a Bartlett en su gabinete: lo hizo secretario de Educación Pública. Salió de la SEP sin haber luchado de veras contra el neoliberalismo, ni contra el autoritarismo; no salió de ahí en protesta por las privatizaciones ni rompiendo con Salinas; y llegó en 1993 a la gubernatura de Puebla, en una época en que aún era necesario el visto bueno del presidente priista para ser candidato a gobernador priista. Bartlett fue el candidato con apoyo salinista. Lo más probable es que no haya ganado verdaderamente esa elección poblana.
Ya en el poder de la gubernatura, entre los hechos relevantes de Bartlett destacan dos. Uno, potenciar y explotar la “justificación” de que el gobierno no persigue ni castiga a la oposición sino que lucha contra “los conservadores”, “las fuerzas de la Reacción”, “los enemigos de la Revolución mexicana”, etc. Bartlett es una fuente de esa cantamuleta de AMLO llamada “los liberales contra los conservadores”. El otro “logro” bartlista es haber desarrollado la llamada zona Angelópolis, modelo opuesto al antineoliberalismo: estamos hablando de una zona geourbana y socioeconómica que, además de estar basada en despojos de tierras a campesinos, ha servido para separar más a los ricos del resto de la sociedad, atraer como habitantes a familias de narcotraficantes, abrir la puerta al lavado de dinero en construcciones y crear empleos sólo en servicios a la clase alta. Salinas de Gortari se enorgullece en su libro México. Un paso difícil a la modernidad de haber apoyado ese proyecto del gobernador priista Bartlett.
Esa historia, toda esa historia, es la que de un modo u otro ignora la doctora Sheinbaum y la que de un modo absolutamente necio y bastante ridículo defiende desde la copia de “la mañanera”. Cada vez que defienda a Bartlett, defenderá a un autoritario que alguna vez dijo de sí mismo que será “priista hasta la muerte”. Y lo será. Es perfectamente priista y lo seguirá siendo. ¿Un patriota? No. Lo que Sheinbaum sugiere como el texto principal de la carrera de Bartlett –la “defensa de recursos energéticos”- es un mecanismo de autolavado de cara histórica. Mecanismo que Bartlett inventó cuando pudo, lo necesitó y le convino, después de servir al neoliberalismo y después de que su querido PRI dejó de ser hegemónico. Y cuando por la transición pudo convertirse en legislador en un Congreso diferente… Así que eso no es el texto principal de su historia individual, es sólo una nota al pie. Lo mayor y principal acaba de leerlo usted.
Extra: puede profundizar en algunos de mis puntos en textos como estos:

